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Acapulco.— Dos días después de que la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez (Morena), declarara que el festival Acamoto no tenía autorización para realizarse, este jueves decenas de motociclistas iniciaron su arribo al puerto
Sin embargo, este año no tuvieron una bienvenida amable: las autoridades los recibieron con operativos de revisión con policías y militares.
En la caseta de La Venta, en la Autopista del Sol, se instaló un retén en el que elementos de la Guardia Nacional y agentes de la policía estatal revisaron que los motociclistas porten cascos, tengan licencia vigente, no porten armas o drogas y no manejen alcoholizados; además, que las motos lleven placas y no tengan reporte de robo.
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Los retenes continúan en la Costera Miguel Alemán, la principal avenida del puerto, que ayer era recorrida constantemente por policías, soldados y agentes de Tránsito del municipio.
El secretario de Seguridad Pública de Acapulco, Federico Argumedo Rodríguez, afirmó que la operación durará hasta el domingo, cuando concluya el Acamoto.
Argumedo Rodríguez explicó que en el operativo participan 853 agentes entre policías estatales, municipales, elementos del Ejército, la Guardia Nacional y marinos, de la Fiscalía General del Estado, así como 174 patrullas, 58 motocicletas y decenas de grúas.
“El objetivo es garantizar que todas y todos puedan disfrutar de este puerto con seguridad y responsabilidad, también prevenir y erradicar conductas que pongan en riesgo la integridad de conductores, peatones y familias acapulqueñas, por ello, se les recuerda que cerrar vialidades, realizar acrobacias en motocicleta o conducir bajo influjo de alcohol está sancionado”, puntualizó.
Polémica y temor
Durante todo el año, la realización del festival Acamoto fue motivo de tensión. La autoridad municipal, responsable de otorgar el permiso, se mostró ambigua hasta el último momento. Apenas el martes, la alcaldesa dijo que no se autorizó la realización del Acamoto, pero que no prohibirían el arribo de los motociclistas.
Los que se opusieron fueron los empresarios hoteleros y restauranteros, quienes por un momento amenazaron con realizar un bloqueo comercial para los participantes del festival.
Otro grupo de empresarios se manifestó a favor porque, aseguró, es una derrama económica.
Sin embargo, tras la experiencia de 2025, que dejó ocho personas muertas, 30 lesionadas y 45 detenidas, no todos están convencidos de la conveniencia de este evento.
Este jueves, algunos hoteles colocaron vallas en sus fachadas para impedir que los motociclistas entren; por ejemplo, el Fiesta Americana cercó su fachada para, según dijeron, evitar que los participantes hagan daños.
Los comerciantes tampoco estaban muy entusiasmados.
“¡Ay, no!. Ojalá y que en verdad no los dejen venir. Yo lo invito a usted a venir en la noche a ver cómo se ponen: distraen a las cajeras y se llevan los doces de cervezas, las Sabritas, todo es un caos. Ahora sí que, con todo el respeto, pero, al menos desde mi punto de vista, esos turistas no caben aquí”, señaló la gerente de una tienda de conveniencia aledaña al Parque Papagayo.
La señora Crisanta, propietaria de un local de dulces y refrescos en la zona de la Condesa, dijo: “Para el comercio local es bueno que vengan, pero el año pasado no sólo vinieron las motos, sino que también trajeron sus puestos de micheladas y no pudimos competir. Esperemos que este año no sea así”.
Mencionó que los jóvenes son bienvenidos en Acapulco, “pero que no hagan su despapaye, que no dejen la basura y mejor la pongan en los contenedores”.
Pese a la fuerte presencia policiaca, los oficiales reconocen que no se dan abasto.
“Nos rebasan, llevo 27 años en la corporación y nadie más que yo te puede decir que cada año se pone peor. Ahorita estamos haciendo supervisión, invitamos a los chavos a que manejen con cuidado, pero porque ahorita podemos. Vas a ver que mañana a esta hora ya esto va a estar rebasado. El alcohol los transforma”, expuso un oficial de Tránsito en un operativo de seguridad en la Glorieta de la Diana.
Sin embargo, ayer por la tarde ya se veían varios jóvenes circulando sin casco, guantes ni otro elemento del equipo de seguridad.
Iban por las avenidas haciendo sonar bocinas portátiles con reguetón y corridos tumbados a todo volumen. Llegan a las tiendas de conveniencia en busca de botanas y cerveza, principalmente. La fiesta ya empezó.
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