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En 1990, Juan Gabriel llevó su música al corazón cultural de México: El Palacio de Bellas Artes, un recinto reservado históricamente para la ópera, la música clásica y el ballet, abrió sus puertas para recibir a uno de los artistas más queridos del país.
Acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional de México, dirigida por Enrique Patrón de Rueda, el “Divo de Juárez” ofreció una histórica serie de cuatro conciertos que marcaron un antes y un después tanto en su carrera como en la historia del recinto.
Aquel espectáculo derivó en su primer álbum en vivo, publicado el 20 de diciembre de ese mismo año, y nominado a Álbum Pop del Año en los Premios Lo Nuestro de 1992.
El repertorio fue una celebración de sus clásicos, con temas como “Hasta que te conocí”, “No discutamos”, “Yo no nací para amar”, “Ya lo sé que tú te vas” y “No tengo dinero”, esta última interpretada junto a un coro de niños de la escuela Semjase de Ciudad Juárez, sorprendiendo al público con un arreglo emotivo y festivo.

En su entrada al escenario cantó “Yo te perdono”, rodeado de aplausos, girando con elegancia frente a la audiencia, luciendo un traje blanco tipo frac con aplicaciones brillantes. Más adelante, hizo un cambio de vestuario y apareció con un icónico traje negro adornado con lentejuelas doradas, diseñado por Alex Peimbert, uno de los responsables de su estilo en esa época.
Con apenas 40 años, Alberto Aguilera Valadez (su nombre real) mostró una impresionante versatilidad vocal a lo largo de las tres horas de espectáculo, interpretando desde baladas hasta rancheras, e incluso canciones popularizadas por Rocío Dúrcal.
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Las entradas para el concierto costaron entre 70 mil y 300 mil pesos de la época, y a pesar del precio, se agotaron por completo. Entre el público se encontraban figuras como el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y su esposa Cecilia Occelli González.

Controversia previa: el “pecado” de ser un artista popular
Si bien, la serie de conciertos fue un éxito rotundo, no estuvo exenta de polémica.
En aquel entonces, Bellas Artes era visto como un espacio exclusivo, reservado para expresiones artísticas de “alta cultura”.
La decisión del Instituto Nacional de Bellas Artes de permitir que Juan Gabriel se presentara allí provocó una fuerte reacción entre miembros del sector artístico, quienes consideraron su presencia como una “profanación del templo”. Se enviaron cartas, hubo amenazas de boicot e incluso mensajes con ataques homofóbicos hacia el artista.

Uno de los escritores más destacados de la época, Carlos Monsiváis, escribió una crónica en la revista Proceso, en la que cuestionaba la presentación, comparando el momento con el pasaje bíblico en el que Jesús expulsa a los mercaderes del templo: “¿Resucitará Carlos Chávez y expulsará a los mercaderes del templo?”, ironizó.
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Para calmar las tensiones, el entonces director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), Víctor Flores Olea, aclaró que las ganancias del concierto serían destinadas a la Orquesta Sinfónica Nacional. Con eso, el evento fue finalmente aprobado.
Durante el espectáculo, Juan Gabriel se refirió al conflicto con orgullo y dignidad:
“Esta noche estoy feliz y quisiera expresarles mi deseo: que todos los artistas populares tengan la oportunidad de venir aquí, porque este lugar se construyó con dinero del pueblo”, dijo ante un público emocionado.
También agradeció con humildad:
“Muchísimas gracias por su presencia, por todo el cariño, por todo el respeto, por sus aplausos, por estos momentos tan bellos”.
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Un adiós en el mismo escenario
Juan Gabriel regresó a Bellas Artes en tres ocasiones más: 1997, 2013 y finalmente en 2016, aunque en esta última no fue para cantar.
Tras su fallecimiento, el 28 de agosto de 2016, a los 66 años, por un infarto agudo al miocardio en su casa de Santa Mónica, California, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas una vez más para rendirle un homenaje póstumo.
Más de 7 mil personas acudieron a despedirlo, confirmando el lugar que ocupó y sigue ocupando en el corazón del pueblo mexicano.
Dos días antes de su muerte, Juan Gabriel había ofrecido un concierto en Los Ángeles como parte de su gira “MeXXico es Todo”. Hasta el final, se despidió como siempre vivió: sobre el escenario.

*Con información de Mariel López y Rolling Stone.
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