
Hace 25 años, Libertad Palomo tomó una decisión que, en aquel momento, implicaba casi un suicidio social y profesional: asumirse públicamente como mujer trans en un país como México.
Lo hizo, dice, con todas sus consecuencias, y sin buscar indulgencia. Por eso no entiende el discurso de figuras como Karla Sofía Gascón y otras, quienes considera que hoy se victimizan, aun en un contexto mucho más abierto.
“Jamás en mi vida he sido víctima y espero no jugar esos papeles tan bochornosos porque es muy feo ver a la gente hacer esos papelitos”, afirma la actriz, quien ya era una figura de la televisión y el teatro cuando aún no había hecho su transición.
“Cada quien asume su vida y es responsable de sus palabras. Yo no tengo más que agradecer a la vida las muchas oportunidades y también las dificultades a las que me he enfrentado”, añade.
Pese a su actitud firme, Libertad no niega la discriminación que ha enfrentado. Recuerda las puertas que se le cerraron desde que hizo público su proceso de transición, convirtiéndose en una de las primeras figuras en visibilizarlo abiertamente en México.
Por eso critica que, siendo mexicana y una referente para muchas personas trans, el director Jacques Audiard no la haya considerado siquiera para el casting de Emilia Pérez, la cinta musical que retrata a una mujer trans en el contexto del narcotráfico.
“¿Creen que la gente no sabía que existía Libertad? No me quisieron llamar al casting y se inventaron que no había quién pudiera hacer el papel. Yo soy cantante, actriz, bailarina. Si iban a hacer un musical, mínimo necesitaban una cantante. Que no nos vengan con tonterías”, dice enérgica.
Con todo, reconoce que, aunque se lo hubieran ofrecido, ni siquiera habría aceptado. La razón, le incomoda profundamente la manera en que el filme representó a México.
“Es una película que denigra a nuestro país. No creo que México sea solo narcotráfico. Es cultura, tradición, gente buena”, afirma.
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Para ella, retratar una historia trans desde una óptica criminal refuerza estigmas tanto de género como de nacionalidad, y no le parece justo que, bajo el disfraz de lo progresista, se perpetúen narrativas degradantes.
Enfatiza que, al estar acostumbrada a abrirse camino por mérito propio, sin esperar concesiones, no se queda callada cuando una narrativa —por muy internacional o premiada que sea— le parece injusta o alejada de la realidad que ella y muchas mujeres trans mexicanas han vivido.
Proyecto completo
A diferencia de la cinta francesa, Libertad destaca otros proyectos que sí conectan con su historia, su sensibilidad y su vocación artística, como la puesta en escena Los tacones de papá, un musical que mezcla humor, ternura y dignidad, y que ya inició temporada en el Teatro Rafael Solana.
La historia gira en torno a La Castro, una célebre drag queen cuyo fallecimiento desencadena el reencuentro con su hija Marta, una joven religiosa y conservadora que había roto la relación con su padre años atrás.
Al llegar al velorio y verlo amortajado con una bata de lentejuelas, la hija se sorprende. Pero ahí, entre la música, los recuerdos y las voces de quienes amaron a su padre, Marta comienza a descubrir quién fue realmente.
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“Es una historia para reír y reflexionar. Habla de dignificar, de mostrar a las mujeres trans, a las mujeres de la noche, a las drags, como lo que son: artistas. Hay que dejar de lado lo sexual como principal enfoque. Eso es algo íntimo, no debería marcar diferencias”.
Fue el productor Miguel Alonso quien se acercó a la actriz tras una función de La Cuba libre, justo cuando celebraban sus 250 representaciones. Ahí, le propuso adentrarse al texto del dramaturgo español José Warleta.
“Llegué a casa, me puse a leerla. Y muy contenta, dije: ‘qué bonita historia’”, recuerda.
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Con 45 años de trayectoria, Libertad Palomo asegura que no solo celebra estar sobre un escenario, sino también seguir creciendo como artista.
No se asume como un ícono, pero sí como alguien que ha resistido, trabajado y dejado huella.
“La única forma de estar en esta carrera es nunca olvidar que cada trabajo tiene que ser el mejor. Así se sigue creciendo, aprendiendo y enamorándose de lo que una hace”, afirma Libertad.
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