Tres estrellas del se enfrentaron, sin temor, en junio pasado, a demonios disfrazados de ídolos.

Contra ellos, respondieron con música, estética y símbolos culturales de Corea del Sur; y en ese duelo no sólo vencieron a sus rivales, también movieron para siempre a toda la industria del entretenimiento global.

El impacto se confirmó hace unos días con las recientes nominaciones al Oscar a Mejor película animada y Canción original.

Antes, el proyecto ya había ganado dos Globos de Oro, incluido el de Canción original por “Golden”, y llevó al grupo ficticio HUNTR/X al primer lugar del Billboard Hot 100, un hecho inusual incluso para el propio universo del k-pop.

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A la par, la película se colocó entre lo más visto de Netflix a nivel global, con presencia en decenas de países, consolidando un recorrido que ha cruzado insólitamente cine, música y plataformas.

Hollywood no marca el paso

Para el especialista Roberto Rondero, el éxito de Las guerreras k-pop no puede leerse sólo como una suma de premios o cifras récord.

El fenómeno, explica, aparece en un momento de desgaste del modelo tradicional de Hollywood, presionado por cambios industriales, culturales y también geopolíticos.

“Había ya un cansancio muy claro de las fórmulas que Hollywood ha repetido durante años. Eso ha afectado no sólo al cine, sino también a la música, la televisión y otros formatos. Este tipo de proyectos abre una puerta a lenguajes que ya estaban ahí, pero que no habían tenido el mismo escaparate”.

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El gran acierto del filme, destaca el especialista, es su capacidad para conectar con públicos de distintas generaciones, algo cada vez menos común en el entretenimiento.

“No es un producto pensado únicamente para adolescentes. Padres e hijos pueden verlo juntos porque hay varias capas de lectura: la música, la historia, los símbolos culturales. Eso hace que el fenómeno se agote rápido”, apunta.

Con movimiento coreano

Detrás del impacto, el experto descarta sólo canciones pegajosas o el respaldo de una plataforma global. El proyecto articula música, tradición coreana, códigos de moralidad, moda y estética pop en un paquete completo, capaz de sostenerse más allá del momento.

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“Esto no surge de la nada. Corea del Sur lleva años construyendo una industria muy sólida. No es sólo el k-pop como música, es una forma de entender el espectáculo, la imagen, el relato y la relación con el público”, explica.

Ese proceso, afirma Rondero, ayuda a entender por qué Asia dejó de ser un mercado alternativo para convertirse en un centro creativo que conquista el orbe.

“El centro creativo ya no está concentrado en un solo lugar. Asia ya no toca la puerta: está adentro y marca tendencias que dialogan de tú a tú con el resto del mundo”, sostiene el especialista.

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El caso de Las guerreras k-pop dialoga, además, con fenómenos consolidados como BTS, cuyos conciertos y expansión internacional confirman la dimensión de ese movimiento y la existencia de una base de fans sólida fuera de Asia, incluido México.

“México es un mercado clave. Hay miles de personas esperando estos contenidos y estos conciertos. Por eso no sólo llega la música, también la moda, el estilo de vida y una industria paralela que se mueve alrededor”, apunta.

En ese cruce entre animación, música y mercado real, remarca Rondero, el filme funciona como síntoma de un cambio más amplio: un mapa de la cultura pop que ya se reacomodó.

“Asia está explotando en todos los sentidos, hay que pensar que no sólo son boys bandas, sino música, series y películas que ya están entre el top ten”, destaca.

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