Bogotá.— tenía poco más de 20 años cuando, junto a Poligamia, cantaba sobre una marcada por la violencia del narcotráfico, los atentados y una crisis política que había acompañado su infancia y adolescencia.

” condensaba parte de esa memoria, desde la toma y posterior retoma del Palacio de Justicia hasta las bombas que sacudieron al país durante los años más violentos del narcotráfico, pero también los referentes deportivos, culturales y políticos con los que creció una generación.

La canción hablaba de un país que intentaba reconocerse entre la violencia y sus propios símbolos. Hoy, a los 53 años, Andrés sigue mirando a Colombia y convirtiéndola en canciones, aunque algo cambió, prefiere hacerlo lejos de la política.

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Andrés Cepeda, cantante colombiano. Foto: Gabo Gómez
Andrés Cepeda, cantante colombiano. Foto: Gabo Gómez

“Trato de evitar todo lo que tenga que ver con política porque creo que podemos estar al servicio de la comunidad de otras maneras y sin sentirnos utilizados por cierto interés o corriente política”, explica Cepeda a.

La conversación ocurre, paradójicamente, dentro de un edificio de gobierno. Poligamia acaba de recibir un reconocimiento como , ciudad donde nació la agrupación y a la que sus integrantes vuelven ahora no sólo para reencontrarse, sino para escribir juntos otra vez.

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“Creo que hay muchas maneras de servir a la ciudad desde la parte cultural, desde la parte social”.

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El canto a la ciudad que habita

El compositor tenía alrededor de cuatro años cuando conoció a tres de los músicos que terminarían formando Poligamia; con los demás se encontró durante la preadolescencia. Para los 14 o 15 años ya hacían música juntos.

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Ahora , pero esta vez hay una diferencia: después de mucho tiempo volvieron a componer y producir material nuevo.

El primero de esos temas es “”, que vuelve la mirada hacia Bogotá y confronta la ciudad que conocieron de jóvenes con la que habitan ahora.

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“Hay muchas cosas de esa época que desafortunadamente siguen sucediendo y que hay que seguirlas diciendo, y hay otras que han cambiado un poco y también hay que decirlo”, explica.

Para Andrés, retratar una realidad no significa necesariamente asumir una bandera ideológica.

“No necesariamente la obligación. Yo pienso que un artista lo que debe hacer es tratar de retratar su realidad, su entorno, su espacio, y está en el ojo de ese artista ver cómo lo retrata”.

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Su distancia con la política tampoco significa indiferencia. El considera que el arte puede participar en las discusiones de una sociedad sin convertirse en una extensión de sus divisiones.

Para él, un concierto demuestra esa posibilidad, miles de personas con ideas distintas pueden reunirse frente a un escenario y cantar la misma canción.

“Desafortunadamente, a veces la política utiliza a los artistas para agrandar esa brecha y esa polarización, cuando creo que la función del arte es precisamente la opuesta. Es unir a la gente y hacer un poquito borrosas esas líneas que nos dividen para que entendamos que, a través de la expresión artística, nos podemos unir”.

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Una advertencia para México

Foto: Instagram oficial.
Foto: Instagram oficial.

La violencia, sin embargo, continúa tocando a la música latinoamericana, aunque las formas de contarla han cambiado.

En México, el auge de los corridos que narran la vida de narcotraficantes, organizaciones criminales, armas, dinero y violencia ha provocado un debate sobre hasta dónde la música simplemente documenta una realidad y en qué momento puede contribuir a normalizarla o convertirla en aspiracional.

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Para el colombiano, la experiencia de su propio país sirve como una advertencia.

“Es natural que sea el reflejo de lo que los chicos están viendo. Nosotros también pasamos por un proceso similar al que está pasando México ahora y el fenómeno narco, de alguna manera, marcó muchísimo las pautas culturales, del periodismo, de la misma política”, explica.

Sin embargo, afirma, hay muchísimo valor en las culturas colombiana y mexicana como para que sólo se enfoque en lo más doloroso o triste.

“Desafortunadamente, la cultura narco es muy atractiva, muy llamativa y vendedora, pero hay que tener cuidado con eso”.

El punto, considera, no está necesariamente en dejar de contar la violencia. Para Cepeda, los músicos inevitablemente se alimentan de aquello que ocurre a su alrededor; el riesgo aparece cuando dejan de ser únicamente observadores y participan en la construcción de ese imaginario que retratan.

“Los artistas somos capaces de retratar, pero también de moldear esas realidades”.

Este fin de semana, Cepeda llevó sus distintas facetas al Festival Cordillera, donde realizó cinco presentaciones en distintos formatos.

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