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Uno podría pensar que Europa era el destino natural para un jugador que estaba en franca etapa de crecimiento personal y futbolístico.
Uno podría pensar que vive el mejor momento de su carrera, esa en la que finalmente comienza a cosechar lo que sembró durante toda una vida en el Barcelona.
Uno podría pensar que incluso el futbol de México era una mejor opción.
Uno podría pensar que la MLS podía haber esperado algunos años más y que no es su sitio ideal.
Y uno podría plantear 100 escenarios que pensamos eran mejores para él, pero da igual, porque se trata de una decisión personal y nadie tiene derecho a juzgar.
Él es el único que debe decidir en dónde quiere vivir, para quién quiere jugar, cuánto quiere cobrar. Él y sólo él.
¿Ahora resulta que nos indigna que los jugadores profesionales decidan que quieren hacer con su vida?
Porque con ese tono, de molestia e indignación, he leído, visto y escuchado comentarios, y me parece ridículo criticar una razón personal con argumentos que tienen que ver con su carrera profesional.
Que no se nos olvide que a Jonathan dos Santos le dijeron necio, terco y obsesionado por mantenerse en la búsqueda de un lugar en el equipo titular del Barcelona. Para él, su lucha tenía un significado; para muchos otros, con pluma o micrófono en mano, resultaba un verdadero desperdicio y una pérdida de tiempo, y ahora que decide emigrar a otro futbol, ¿entonces lo tildamos de mediocre?
Si se fue porque quería jugar con su hermano, porque quería ganar más dinero, porque su prometida no quiso vivir en México, porque le gustó la ciudad o simple y sencillamente porque se le pegó su re chingada gana, tiene derecho de hacerlo: es SU vida.
¿De cuándo a acá nos especializamos en planificar la vida de los demás?
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