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Contrario a lo que varios gobernadores han argumentado, la responsabilidad inicial de frenar al crimen organizado es del gobierno estatal donde el problema surge, no de la Federación. Porque sólo la entidad conoce las raíces políticas y sociales que un grupo criminal siembra para poder operar con libertad. Jalisco no es la excepción y el gobernador Aristóteles Sandoval, correctamente, así lo percibe.
En entrevista con EL UNIVERSAL, el mandatario local asegura que el conflicto en la entidad no es nuevo y que —contrario a versiones difundidas— el gobierno de Jalisco supo y atajó el problema al menos desde 2012. En ese orden de ideas, al parecer, la única diferencia sería que en ese entonces no se cayó un helicóptero, fuente principal de la atención nacional puesta sobre esa región en este momento.
Si bien Sandoval admite haber avisado desde hace ya tiempo al gobierno federal acerca del monstruo del crimen organizado en Jalisco, señala a la administración estatal pasada como la real fuente de lentitud del Estado mexicano para frenar a los cárteles en la entidad:
“Cero diagnóstico, Cuando yo llegué no había nada, las computadoras y todo estaba vacío, no dejaron el más mínimo informe y como cambió todo el esquema, no había ni siquiera denuncias, con eso digo todo”.
Sandoval acusa que el gobierno de su predecesor, Emilio González, aplicó una lógica que ya se ha visto antes en otros estados: tolerar y solapar a los grupos criminales mientras su actividad no implicara enfrentamientos en las calles. Y esa “paz” se mantenía, en efecto, hasta que el gobierno federal intentaba aprehender a los líderes delincuentes. Entonces sí tomaban la ciudad, como ocurrió tras el lanzamiento del Operativo Jalisco.
La explicación de Sandoval parece plausible porque se cimenta en experiencias previas, tanto en Jalisco como en otras entidades. Si Emilio González se mantiene en silencio, lo único que hará será corroborar esa percepción de tolerancia de su mandato ante los cárteles.
En ocasiones previas el gobernador Sandoval ha dicho que el principal problema de la seguridad en Jalisco es de percepción, pues durante su mandato —dice— diversos delitos como el secuestro se han reducido. Las cifras pueden ser ciertas, pero después de lo ocurrido esta última semana eso no será suficiente para convencer a la opinión pública.
Dos años de gobierno no es tanto como para desterrar el crimen organizado de Jalisco. Sin embargo, si Sandoval de verdad ha construido una inteligencia policial, así como instituciones sólidas, la ayuda de la Federación tendría que ser apenas un auxiliar en la recuperación paulatina del estado.
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