Este Tigres se parece poco a poco al de Ricardo Ferretti. Sólo hay algunas diferencias, dos para ser exactos: No tiene a un Guido Pizarro y no tiene a un André-Pierre Gignac.
Por eso el empate sin goles que sacó el equipo mexicano ante Los Ángeles Galaxy, campeón de la Major League Soccer, en el duelo de ida por los cuartos de final de la Copa de Campeones de la Concacaf, es normal, porque los regios son un equipo al que les gusta tener la pelota, pero les falta generar, les falta ser dinámicos al frente, un cerebro en medio campo y dar el golpe exacto en el momento justo.
La igualada de visita no puede verse como un triunfo para los Tigres, porque la falta del gol de visitante puede pesar al final, puede ser fundamental en la vuelta que se desarrollará en el Estadio Universitario la siguiente semana, porque se sabe a lo que juegan los equipos estadunidenses: a dejarse dominar para dar el salto en el momento menos esperado… A eso se arriesga Tigres al no haber marcado en el Dignity Health Sports Park, casa del Galaxy.
Tigres jugó con línea de cinco, con Diego Lainez como principal escape por las bandas, con una nueva oportunidad a Uriel Antuna, y con Juan Brunetta como opción de tener ideas diferentes en el resto del campo.
Ni uno ni lo otro. Pocas oportunidades se generaron, Nico Ibáñez fue un observador más, la pelota no le llegaba, por lo menos no con a suficiente comodidad para tratar de hacer daño.
Y Nahuel tuvo un día de campo. Nadie le hizo sombra, ni se ensució.
Para la segunda parte Pizarro le movió en cuanto a hombres, pero el cambio fue mínimo, lo que realmente pesó fue el paso del tiempo, el desgaste que le hizo más daño a los angelinos, lo que aprovechó Tigres para tener un par de jugadas de peligro frente al marco de McCarthy, pero el gol no llegó.
Tigres se fue de Los Ángeles con el cero en el marcador, un empate que no le sabe a victoria, ahora deberá definir todo en casa, y no se puede confiar.