La silueta plateada de El Santo trascendió el cuadrilátero para convertirse en un mito. Su máscara no sólo lo protegía en el ring, también lo transformaba en un héroe que saltó de la lona a la pantalla grande y conquistó el cine, así como a millones de fanáticos.
Entre ellos estaba Daniel López, El Satánico, quien —de niño— observaba cómo aquel ídolo se enfrentaba a villanos y, sin saberlo, sembraba en él la semilla de una vocación.
Con el paso del tiempo, la admiración se convirtió en destino: El gladiador tapatío no sólo siguió sus pasos, también tuvo la oportunidad de enfrentarlo, cumpliendo así el sueño de medirse con el hombre que lo inspiró a ser luchador.
“Mi sueño se hizo realidad. La primera vez que vi lucha libre fue en sus películas, a finales de los 60. Recuerdo que, al verlo, pensaba en cómo lo tomaría si yo fuera luchador. Gracias a Dios, mi ídolo salió de la pantalla y lo tuve frente a mí en cinco ocasiones”, relató, con emoción.
López, quien antes de convertirse en esteta trabajó en una tienda de vestidos de novia en Guadalajara, recordó su primer enfrentamiento.
“Jamás he preguntado contra quién me enfrento. En 1979, fui a Tamaulipas como campeón nacional de peso medio y, ya estando allá, vi la figura de El Santo en un promocional”, relató.
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