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Al norte de la Ciudad de México, en la Gustavo A. Madero, hay una guarida de lobos en la que comienzan sueños, se disciplina y se pelea por salud, objetivos y hasta por gusto.
Ahí entrenan Gabriel Castillo (17 años) y Paris Díaz (14 años). Dos jóvenes con ganas de trascender en el boxeo y que vieron cambiar su estilo de vida gracias al pugilismo amateur. También está el caso de Citlaly Rivera, de 19 años, quien presume empoderamiento con el boxeo y una disciplina que le ha ayudado en sus estudios.
Gabo no encontraba motivación, tenía temas familiares que lo tenían “bloqueado”, pero encontró la salida en ver películas. “Tuve unos temas familiares, graves. Me gustan las películas de Rocky y ahí encontré mi motivación. Es un deporte que me formó un carácter.
“Los golpes de acá abajo duelen más que los de arriba en el ring. Es motivación y me ha ayudado a estar concentrado en otras cosas. Mis hábitos han cambiado para bien”, agrega.

Paris Díaz sonríe, está nervioso porque nunca lo habían entrevistado, pero en el ring se libera. Después de abandonar el futbol “porque no era tan bueno”, encontró en el boxeo su lugar ideal.
“Siento que en el boxeo hay que tener el doble de disciplina. Te ayuda mucho a la salud física, a cuidar tu salud mental. Te hace reconocer el trabajo duro, porque sin eso no hay éxito”, concluye, mientras sostiene y mira con orgullo sus trofeos.
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Ithan Mejía tiene 21 años, recién se graduó como ingeniero en sistemas computacionales y a lo largo de sus estudios encontró en el boxeo “un psicólogo donde desahogarse”
“Desde la primera semana fue un deporte que me enamoró y aquí sigo. Lo tomé como un psicólogo, una forma de desahogarme. Más allá de que es visto como un deporte violento, que incluye golpes… te desahogas sin decirle nada a nadie”, explica en entrevista con EL UNIVERSAL Deportes.
La frustración también es parte de esta disciplina; sin embargo, el esfuerzo le ha dado recompensas que presumen mientras comparte su experiencia: un cinturón que posee del CMB, Trofeos que dedica a su gente, el trofeo que ganó en su primer combate, en el que previamente “rezó como nunca lo había hecho”.

El caso de Citlaly Rivera es diferente. Es de las pocas mujeres que acuden al Club de Lobos Franco. En su mayoría son hombres; sin embargo, poco importa a la peleadora de 19 años.
Oriunda de Hidalgo, donde tuvo sus primeros combates y victorias, hoy estudia medicina y en el boxeo encontró algo que, se sincera, no tenía: la disciplina.
“Algo que yo no tenía a esa edad (16 años) era disciplina. Había durado un año en el voleibol, pero no es lo mismo a un deporte de contacto, entonces me gustó al principio la adrenalina de hacer sparring, la adrenalina en el boxeo es una cosa muy diferente y eso me motivo a seguir con las competencias. Te vuelves adicto a las competencias”, declara.

“Esta disciplina me ayuda en muchas cosas de mi vida, como en mi carrera (medicina)”, agregó, Citaly, quien tiene en su paso por el boxeo varios trofeos y cinturones.
El empoderamiento es parte del boxeo y asegura “sentirse segura en las calles. No digo que puedo golpear a alguien en la calle, pero sí me da confianza… siento que, si puedo hacer sparring, puedo hacer lo que quiera en la vida”, concluyó.
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