En un poema en prosa de Maltiempo (1972), Jaime Sabines escribió: “Hay dos clases de poetas modernos: aquellos sutiles y profundos, que adivinan la esencia de las cosas y escriben: ‘Lucero, luz cero, luz Eros, la garganta de la luz pare colores coleros’, etcétera, y aquellos que se tropiezan con una piedra y dicen ‘pinche piedra’. […]”
Sin duda, Sabines pertenecía a esta segunda clase de poetas y, quizá por ello, por su cercanía y trato poético con el mundo común y ordinario, de todos los días, muchos lectores que no estaban acostumbrados a leer poesía se acercaron a sus libros y se entusiasmaron con ellos.
“Sabines representa un parteaguas ya anunciado, de algún modo, por las obras de Salvador Novo y Efraín Huerta. Su impulso antipoético o antipoetisista se sustentaba en una manera de convivir con la realidad, lejana de los aparadores posmodernistas, la melancolía, la nocturnidad y el afantasmamiento de buena parte de la poesía escrita por sus contemporáneos, pero cercana a los estremecimientos de la vida cotidiana”, señala Hernán Bravo Valera, poeta y editor del Periódico de Poesía (https://periodicodepoesia.unam.mx/), una publicación mensual de la Dirección de Literatura de la UNAM.
Lee también INBAL publica ilustración con IA por el Día de la Poesía; la elimina tras críticas
Según el autor de los libros de poemas Oficios de ciega pertenencia, Sobrenaturaleza, Hasta aquí y La documentación de los procesos, Sabines dio ese salto desde su primer libro publicado: Horal (1950).
“En él encontramos a un Sabines muy ávido y transformador del Romancero español, pero también de Federico García Lorca y Pablo Neruda, influencias muy visibles en su obra. Estas peculiaridades hacen de su registro, de su voz, una materia completamente independiente y urgente de la poesía mexicana del siglo XX. Por lo demás, a Sabines se le ha tachado de condescendiente o sentimental y, sin embargo, sus mejores poemas, si bien nos revelan una fricción con esos límites que no niegan la incandescente materia emocional o sentimental, están pensados como una atenta exploración de las formas y los registros de la tradición de la poesía en lengua española”, agrega.
Franca oposición
En el ámbito de la literatura mexicana se ha establecido una franca oposición entre la poesía de Jaime Sabines y la de Octavio Paz. Al respecto, Bravo Varela apunta: “Paz tuvo una visión muy aguda, a menudo ferozmente crítica, de la obra de Sabines. Ahora bien, la inclusión de éste en una antología como Poesía en movimiento. México 1915-1966 [con selecciones y notas de Paz, Chumacero, Pacheco y Aridjis] fue un acto de justicia, pero también un acto que lo puso bajo relativa sospecha porque no tenía el menor deseo de hacer crítica de poesía, ni traducciones ni tareas de edición, o sea, todas las labores secundarias o alternas que acompañaban a Paz.”
No obstante, el también autor de los libros de ensayos Los orillados, Historia de mi hígado y otros ensayos y Malversaciones. Sobre poesía, literatura y otros fraudes considera que Sabines entendió muy bien cuál era el papel del poeta en su tiempo.
“Desde muy joven estuvo convencido de que la poesía coexiste y convive con precariedades, trabajos mal pagados, relaciones humanas mal avenidas…, cuestiones que, por supuesto, se reinterpretan y se transforman en los poemas, pero que obedecen a la más pura, llana y a veces demoledora cotidianidad.”
Lee también Poemas, poetas y música para recordar al gran Jaime Sabines
Con todo, Bravo Varela cree que es hora de dejar atrás las inquinas, los malentendidos o las polémicas críticas en torno a Sabines y Paz, y empezar a verlos como parte de una misma tradición literaria en la que ambos colaboraron con obras redondas y transformadoras.
Una de las más altas elegías
Para Bravo Varela, probablemente el libro de Sabines que, al menos en México, asimiló mejor el impulso de Trilce (1922), de César Vallejo, es Tarumba (1956).
“Constituye una escala radical de la imaginación, una manera inquietante y al mismo tiempo juguetona de mirar esa vida cotidiana completamente tomada por los trabajos, los días y las demandas a los que tuvo que enfrentarse Sabines. Como se sabe, Tarumba fue escrito cuando Sabines debió regresar a Chiapas para trabajar en la tienda de telas de su hermano Juan. Así pues, es imposible desprender ese contexto de la fiereza, la ternura y el agotamiento o el hastío que revela la voz de dicho libro.”
Por lo que se refiere a Algo sobre la muerte del mayor Sabines, Bravo Varela opina que es una de las más altas elegías escritas en la lengua española.
Lee también “No hay que ceder ante el pesimismo": Efraín Bartolomé sobre la violencia en Chiapas
“Me parece que es un poema que, sin exageraciones, está al mismo nivel que Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, que indudablemente fue una de las lecturas preparatorias de esta inmensa elegía. Sabines supo registrar muy bien el temperamento elegiaco de la poesía mexicana y, a partir del duelo y el dolor vaciados en este poema, transformar el soneto, la oración, el apunte brevísimo en una experiencia de escritura realmente asombrosa y telúrica. ‘¡Maldito el que crea que esto es un poema!”, escribe el propio Sabines ahí, y con este tipo de hallazgos y de llamadas de atención nos devuelve a los lectores a una realidad que está fuera del poema.”
Mítica lectura final
En 1945, Sabines viajó a la Ciudad de México para estudiar en la Escuela Nacional de Medicina, pero pronto se dio cuenta de que no tenía madera de médico y regresó a Chiapas, su estado natal.
Posteriormente, en 1949, volvió a la capital del país para inscribirse en la licenciatura en Lengua y Literatura Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde tuvo como profesores a Julio Torri, Agustín Yáñez y Francisco Monterde, entre otros, y como compañeros a Rosario Castellanos, Emilio Carballido, Sergio Magaña...
A decir de Bravo Valera, en la Facultad de Filosofía y Letras, Sabines se fue haciendo de una mirada penetrante y de una serie de recursos que le fueron muy útiles en su escritura.
Lee también "La poesía sale como protesta, a como dé lugar”: Elsa Cross
“Claro, Sabines no iba a ser un poeta que conviviera estrechamente con la academia. Su propia vida y el propio impulso de su escritura no se lo permitían, pero creo que su paso por la Universidad Nacional fue definitivo —en términos no sólo de lecturas, sino también de amistades y relaciones— para abordar y complementar de una manera más intensa y honda la vida en una gran ciudad como la de México.”
El 25 de septiembre de 1997, Sabines se presentó en la Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario, para hacer una lectura de algunos de sus poemas. Bravo Valera, quien estuvo ahí en esa fecha, comenta: “Aquella mítica lectura final, poco menos de dos años antes de su muerte, con una sala llena en la que adolescentes, jóvenes, poetas de todas las edades y estéticas atestiguamos el fenómeno discreto de masas que fue Sabines, la recuerdo con una emoción enorme porque él era una de mis lecturas consuetudinarias desde la tempranísima adolescencia.”
Ahora, a 100 años del nacimiento de Sabines (se cumplieron antier), el editor del Periódico de Poesía dice que hay que estar atentos al lanzamiento de un libro de poemas inéditos que ya fue anunciado por la familia del poeta chiapaneco.
“En fin, yo creo que es una ocasión inmejorable para leer y releer a este poeta que no deja de asombrarnos y de generar un incesante ruido en la memoria”, finaliza.
[Publicidad]
[Publicidad]

