Al entrar al (LAA) uno se encuentra con pisos rotos y paredes sin resanar, pero no es que el museo esté en mal estado, sino que es así como ha decidido celebrar su reapertura, luego de seis meses cerrado y 9 millones 69 mil 896 pesos para hacer trabajos de conservación.

Ubicado en la Alameda Central, el edificio que data de 1591, necesitaba conservación integral en su estructura, pues en su nave central —es decir, las cúpulas y la bóveda— había grietas del terremoto del 2017, no representaban un peligro estructural, pero sí un problema de filtración de agua.

“Era un problema de humedad muy grave. Ya estaban causando problemas de desprendimiento de contenidos como polvo o aplanado”, reconoce Xavier de la Riva, director de LAA.

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Es por eso que desde diciembre del 2025 —año en el que recibió 50 mil visitantes— a junio de este año se hizo este proyecto de restauración integral que consistió en reintegración de la fachada, consolidación de las grietas, impermeabilización que debe durar 10 años. Otro trabajo que se hizo en estos meses fue que, después de 15 años, se permitió la entrada de luz natural en el recinto, pues sus ventanas estaban cubiertas. También se hicieron trabajos menores, como retirar flora parásita de los muros exteriores, se consolidaron decoraciones del techo de la capilla y se reparó el muro norte del edificio, para evitar filtraciones de agua en el mural Los Informantes de Sahagún, de Federico Cantú.

Laboratorio Arte Alameda, para hablar de la restauración del museo. FOTO: CARLOS MEJIA/EL UNIVERSALAP
Laboratorio Arte Alameda, para hablar de la restauración del museo. FOTO: CARLOS MEJIA/EL UNIVERSALAP

La experimentación

Hace 435 años fue el Convento de San Diego, ahora es un laboratorio donde se alienta la experimentación de Arte Contemporáneo, y con su reapertura el LAA reafirma todavía más esta misión y muestra de ello son sus exposiciones actuales con las que artistas abordan las múltiples capas, físicas e históricas, de este espacio.

Pablo Rasgado, quien ha exhibido en el Museo Jumex y en el LACMA, es el responsable por hacer ver al recinto como si siguiera en obras y esto es porque el artista hizo una residencia en el LAA mientras se restauraba. La exposición se titula Pentimento y muestra las capas ocultas, tanto del edificio —algunas son reales, como marcas del coro o un altar, pero también hay “ventanas arqueológicas” ficticias, con restos de la restauración—, como de pinturas —todas estas son reproducciones de la colección de la Pinacoteca Virreinal, que en su momento se resguardó en este edificio.

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“Pentimento es arrepentimiento en español, así se conoce cuando los artistas se arrepienten y cambian su obra y con el tiempo se pueden ir viendo esas marcas. Es como un juego, como si especulara con la historia del edificio”, dice el director.

En la instalación Fábulas para dormir, Josué Mejía, dialoga con la obra de Cantú, donde se representa la transmisión de saberes originarios para ser transcritos por los españoles. En este caso, Mejía parte de la transmisión de saberes de libros de la SEP de los años 30, de los que tomó imágenes y las colocó en una especie de móvil que el público puede admirar acostado.

Finalmente, en Estado suspendido, el colectivo TRES muestra las entrañas del teatro del Palacio de Bellas Artes a través de la instalación de un mecanismo de engranes que operaba el escenario. Es la primera vez que se exhibe al público. Antes de ser un laboratorio, LAA fue bodega de este teatro.

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“Ellos en su práctica siempre han trabajado con la catalogación y restauración de residuos y basura. Este tipo de residuos quedan fuera de la mirada pública, de alguna manera rinde homenaje a todos los trabajadores”, dice el director.

De la Riva explica que busca que el recinto sea un espacio de genuina experimentación, por eso más que invitar al artista a que exhiba obra previa, busca que realicen proyectos nuevos y que trabajen con el espacio, que está lejos de ser un cubo blanco.

“Lo que buscamos es dar cabida a otro tipo de prácticas. Laboratorio tiene dos funciones: presentar prácticas artísticas contemporáneas e impulsar la experimentación y producción. Siempre es un riesgo, pero hay que cobijarlo y darle un espacio a los artistas, porque sin experimentación no llegas a cosas más interesantes”.

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