La poeta quebequense Martine Audet ha publicado una docena de desde 1996 en los que ha forzado no solo al lenguaje, se ha expandido como artista al alternar en sus poemas artilugios visuales: fotografías, dibujos, pinturas y collages que la han situado como autora de varios y, pero sin que ella se asuma artista visual. “No soy una artista visual, hago intervención visual”, afirma en entrevista la ganadora de premios como el Alain Grandbois, por su libro La sociedad de las cenizas.

La integrante de la Academia de las Letras de Quebec y autora de Formas útiles, asegura que con su poesía intenta llegar a lo más profundo y oscuro de sí misma y darle a esas palabras un sentido. Así lo ha hecho en toda su poesía que ha sido traducida al alemán, inglés, catalán, español e italiano.

¿Cómo asume la poesía?

A través de estas palabras intento excavar, intento llegar a lo más profundo y oscuro de mí y darles un sentido, ver de qué manera estas palabras pueden convertirse en una manera de expresar aquello que nos callamos y que no sabemos ni siquiera que está ahí. Y son estas palabras, esta poesía la que a mí me ha permitido transformar esa oscuridad en claridad, me permiten mantenerme viva y expresando lo que quiero transmitir a mis lectores.

No siempre logramos encontrar la claridad, pero al menos lo que sí nos permite la poesía es comprender mejor la oscuridad, ver los matices, las intensidades, el espesor que maneja y de esa manera tener una mejor comprensión de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

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¿La poesía tiene la virtud de hacernos más humanos?

Totalmente, sobre todo lo que hace la poesía es que viene a modular nuestras percepciones. Y si nuestras percepciones cambian, probablemente podríamos llegar a ver las cosas de una manera más justa, podríamos incluso aprender a amar y a apreciar cosas que posiblemente no habríamos siquiera visto sin el cambio de percepciones.

¿Escribe desde la responsabilidad de hacer mejores humanos?

Yo no puedo escribir teniendo expectativas externas porque eso me limita y hace que mi escritura ya no sea libre ni sincera. Parto únicamente de mis propias expectativas. Cuando escribo, intento buscar esa “realidad”, me siento responsable de la poesía y de los versos que escribo. Siempre busco que mis poemas sean justos, ¿a qué me refiero? al hecho de que puedan acercarnos a lo que es real, a lo que nos rodea, sin olvidar lo sublime.

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¿Cuál considera que es la misión de la literatura?

Misión tal vez no es una palabra que yo utilizaría, pero sí puede ayudarnos a reparador el pasado, y podemos utilizar las palabras para darnos esperanza sobre el futuro. Las palabras nos permiten sacar lo que tenemos adentro, la oscuridad viene al final de cuentas de nuestros recuerdos, de nuestras vivencias, de nuestro pasado. Pero hay algo mágico que ocurre cuando sacamos eso y lo transformamos en palabras porque ahí tienen un poder transformador que nos permite expresar nuestros sentimientos.

Desgraciadamente, en la actualidad vemos muchas veces que el lenguaje pareciera que se está petrificando y creo que con la poesía algo que intentamos hacer no es solamente hablar de sentimientos, sino trabajar el lenguaje de una manera muy particular, que se vea que hay una reflexión detrás y que homenajeamos al lenguaje para permitir expresarnos de la mejor manera.

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¿Qué le aporta a su poesía el lenguaje visual?

No soy una artista visual, hago intervención visual. Cuando llego a hacer eso, los llamo mis poemas mudos, porque de repente llegan colores, algunas forma. Hay un libro que publiqué en 2001 que se llama Las Mesas y el proceso es que escribía un poema y a la par hacía una pequeña pintura, entonces iban la una con la otra. A esas pequeñas pinturitas que acompañaban mis poemas yo les llamaba “planchas para escribir”. Hay otro proyecto que hice sobre los cementerios, ahí, todos los días, después de tener mi jornada de escritura y terminar de escribir los poemas, tomaba una foto a mi bote de basura con todo lo que había, es decir, había pedazos de periódico y muchas veces los poemas que había destruido, porque uno de los temas principales justamente de este proyecto era poder abandonar nuestras certezas.

En mi más reciente libro, Formas útiles, tengo pequeños dibujitos que vienen a partir en dos a mis poemas. Cuando llegaban los periodos donde no podía escribir, dibujaba y esos dibujos venían a insertarse entre dos estrofas y hacían vibrar mis poemas, pero sólo están en la parte central, es como si estuvieran en el corazón del corazón de mi vida.

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