Con la aparición del ChatGPT en noviembre de 2022 comenzó la revolución de la Inteligencia Artificial (IA) generativa y hoy, a dos años y medio, la industria editorial en México experimenta con su uso y participa en la discusión que desde la Cámara de Senadores comenzó hace dos semanas en las comisiones de Cultura y de Análisis legislativo, con el fin de revisar el desarrollo e impacto de la inteligencia artificial en México y regularla a partir de respetar y reconocer los derechos de autor y la propiedad intelectual, pero con la certeza de que es una tecnología que llegó para quedarse que aún no se tiene claro su futuro, y que es importante que las IA incorporen los contenidos de México porque hasta ahora el sesgo que prevalece es el del mundo anglosajón.
Desde el 21 de enero de 2023, dos meses después de la aparición de ChatGPT, en Amazon se puso a la venta Iris, que llamaron la “Primera novela escrita por una Inteligencia Artificial”, una historia que se plantea la pregunta ¿hasta dónde pueden llegar las inteligencias artificiales de procesamiento del lenguaje natural? Lo que muestra este libro es la capacidad y potencial de futuro que tiene. Aunque no todas las historias son bien recibidas.
A principios del año pasado, librerías españolas retiraron de los anaqueles el libro Juana de Arco de Katherine L. Chen, de editorial Planeta, por crearle una portada con Inteligencia Artificial, lo que generó la denuncia de ilustradores que acusaron la precarización del sector y violación de sus derechos de autor. Además, el uso de contenidos que nutren las plataformas de IA son contenidos con derecho de autor y su uso, casi siempre sin permisos o pago, han generado demandas a nivel internacional que hacen urgente su regulación y la protección de la propiedad intelectual y los derechos de autor.
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El uso de la IA ya está en la industria editorial, las editoriales experimentan e incluso la utilizan en ciertos procesos creativos, como son portadas, corrección, formación e incluso traducción de textos. Daniel Benchimol, consultor de la industria editorial y estrategias digitales que asesora a más de dos centenares de editoriales de Hispanoamérica, señala que quienes están en rangos medios o altos de las empresas editoriales están bastante dispuestos a utilizar Inteligencia Artificial. Benchimol entienden que es una nueva tecnología que va a optimizar procesos, ahorrar costos, hacer más eficiente la industria.
Sin embargo el consultor dice que la capa más creativa del sector, quienes escriben, editan, traducen, corrigen e ilustran, se resisten, con cierta lógica “porque lo que ven es una amenaza muy seria y concreta hacia su trabajo”, y asegura que en los próximos dos o tres años “vamos a tener una pérdida de por lo menos un 30% de la de la masa laboral en la industria editorial”.
Pero ¿cómo está México en el uso de la IA y frente a las regulaciones a nivel mundial? Benchimol dice que el panorama en México y en América Latina no dista demasiado del resto del mundo, incluso apunta que los dos grandes conflictos que hay en la actualidad son el impacto laboral y la propiedad intelectual.

“Son los dos grandes conflictos y los dos grandes frentes que hay de discusión permanente. La propiedad intelectual es un tema que tiene una cantidad de aristas muy grandes; es la primera vez en la vida que las máquinas producen contenidos. Es un hecho absolutamente inédito. Tenemos una legislación y toda una economía de contenidos basada en una ley de propiedad intelectual y un escenario completamente disruptivo donde las máquinas pueden generar imágenes y textos en forma autónoma, a veces con asistencia mayor o menor de un ser humano; tenemos un escenario de contenido sintético que hoy ninguna legislación protege”.
Quetzalli de la Concha, gerente legal en Penguin Random House Grupo editorial y Diego Echeverría, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), coinciden en apuntar que la principal discusión es sobrela protección de la propiedad intelectual y del derecho de autor.
“Hay varias propuestas de regulación en nuestro país. Se analiza cómo le está yendo a la directiva de la Unión Europea. Hasta ahorita no hay una que sea predominante. Estamos a la espera, pero mientras, lo que sí tenemos es una Ley federal de derechos de autor que nos dice que para todo uso se tiene que solicitar autorización del titular de derechos”, afirma De la Concha.
IA sin cultura mexicana
En ese camino que habrá que seguir, Penguin Random House, uno de los dos grandes grupos editoriales internacionales en México, ha comenzado a experimentar y a proteger. En la página legal de sus libros y en sus página oficial específica que prohíben el uso de sus contenidos para nutrir las IA, porque están protegidos por derechos de autor. Pilar Gordoa, directora de estrategia digital y marketing de Penguin, asegura que han experimentado con aplicaciones de IA, pero se rigen por el precepto de que en la producción de sus libros “empezamos con humanos y terminamos con humanos”.
La creativa agrega: “Exploramos pero no sustituimos, ese es otro de los grandes principios, pero ¿en qué exploramos? Tenemos una herramienta autorizada por el grupo que se llama Eleven Labs. Esta herramienta de IA genera es voz, la podríamos usar en todos los audiolibros de Penguin Random House, se harían con voces artificiales, implica un ahorro en los costos tremendos porque obviamente no es lo mismo que pagar a personas que lean el texto, pero no lo tomamos; también probamos con una IA en el almacén, esa la usamos, pero siempre protegemos a las personas”, afirma.
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Quetzalli de la Concha, es quien dice que en México tendríamos que propiciar desarrollos que estén nutridos con contenidos locales, pues hasta ahora las IA están nutridas por un sesgo cultural anglosajón. “México, que es uno de los principales exportadores culturales del mundo tendríamos que estar cuidando no salir de esa arena internacional y que empecemos a ser olvidados en los desarrollos de inteligencia artificial”.
Daniel Benchimol pone el acento en que apenas se empieza a habilitar la posibilidad de proteger los contenidos generados por IA. “Tenemos una herramienta que nos permite hacer cosas fantásticas a nivel contenido, que nos permite entrecruzar contenidos, explorar géneros literarios que no podíamos haber hecho de otra forma, generar imágenes también de una de una forma totalmente novedosa, pero todo eso que podamos hacer no lo podemos registrar. Lo podríamos comercializar, pero cuando no tiene una propiedad intelectual todo el modelo de negocio del sector es bastante difícil de llevar adelante. Ese eje de discusión hace que la industria no pueda tampoco utilizar en gran medida las herramientas porque qué sentido tiene si genero textos que luego no puedo proteger”, concluye.