Hay una escalada del miedo, en México y el mundo, afirma la escritora Rosa Beltrán, quien dice que “el miedo es la sustancia que, querámoslo o no impregna, el quehacer de nuestros días”. Es uno de los cambios que trajo la pandemia por el Covid-19, pero también que ha llegado con la certeza de que el miedo es la carne de la que se alimentan los noticieros, las redes sociales, pero también y sobre todo cada vez más, la literatura.
“Las causas pueden ser múltiples: la situación global de guerra y amenaza económica, la precarización que es real, la retórica de los líderes totalitarios, las acciones de las mafias del crimen organizado que van ganando territorios a las ciudadanías, la situación de la migración; en nuestro país, en particular los números de levantados, desaparecidos y desaparecidas, la amenaza real de ataques y violencias reales y virtuales, las invasiones de países poderosos, las dictaduras disfrazadas de democracia. En suma, tenemos miedo porque hoy existe una sensación creciente de que las vidas humanas son prescindibles”, señala Beltrán, quien adelanta el tema central de su ensayo “Miedo”, que formará parte de un libro de próxima aparición.
El ensayo fue su lectura estatutaria como integrante de la Academia Mexicana de la Lengua. En entrevista, la académica dice que el miedo se gestó desde hace muchos años, pero se potenció con la pandemia. “Por alguna razón tuvimos la esperanza, pero bastaron dos señales para darnos cuenta de que no aprendimos nada: el estallido de la guerra fue la primera imagen con la que nos topamos, Ucrania invadida por Rusia y acto seguido los ataques de Hamas y el genocidio en Gaza”, señala.
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Y aunque considera que la literatura, junto con la educación y la universidad buscan devolver el sentido de la vida, la violencia simplista se ha metido a la literatura y a las series televisivas comerciales que abonan a una narrativa simplista y falsa.
“Para mí la literatura es el espacio de la libertad y por lo tanto es el documento más fiable para registrar lo que ocurre en una época. Basta con hacer una revisión del canon literario de nuestro tiempo para darnos cuenta de qué época es la que estamos viviendo. Por otra parte, en literatura tenemos también el problema de cómo narrarlo. Porque desde el 2006 la narrativa predominante ha tenido que ver con una violencia explicada de forma simplista; es decir, el enfrentamiento entre grupos criminales para controlar el trasiego de la droga y por otra parte las fuerzas del Estado que prometen que terminarán con él”, afirma Beltrán.
La académica de la Lengua dice que las series televisivas comerciales abonan a una narrativa simplista y falsa que es la del gran capo rodeado de mujeres en grandes propiedades, y que solo en el último capítulo es atrapado por la justicia. “Todas estas series sobre el narcotráfico y la migración que tratan el tema de forma superficial e indolora y optimista, no solo nos dan una visión sesgada, producen algo más grave que es en lo que se concentra mi ensayo, y es que no sepamos ya cómo afrontar estas narrativas”.
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Dice que, ´por un lado, en un sentido darwiniano, la supervivencia nos obliga a anestesiar lo que oímos todos los días, pues sería imposible seguir sobreviviendo de no hacerlo; pero el gran peligro de hacerlo es que entonces lo normalicemos, que nos volvamos ya seres anestesiados al miedo y por lo tanto a no darnos cuenta de las violencias que nos rodean.
“Hay otro tipo de narrativas que son las que yo defiendo y en las que mi propia literatura se instala, que tratan este tema, como la tratan las crónicas y ciertas obras literarias que, en palabras de Rosana Reguillo, tienen como punto de partida esta “sociedad bulímica” que engulle a sus jóvenes y luego los vomita en narco fosas, en forma de cuerpos ejecutados y torturados, en forma de cuerpos que ingresan a las maquilas como dispositivos al servicio de la máquina, como sicarios, halcones, hormigas o mulas a la orden del crimen organizado o bien incluso como botargas acaloradas de las firmas del fast food”, afirma la también autora de “Radicales libres” y “La corte de los ilusos”.
Beltrán asegura que todo esto habla de un momento de mucha violencia y de una precarización no solamente económica, sino moral y espiritual. “Es difícil sobrevivir a nuestro tiempo y para quienes escribimos, es difícil afrontar esta evidente contradicción. ¿Qué hacer? ¿No hablar de la atmósfera emocional que nos rodea, fingir que todo está bien para seguir sobreviviendo y normalizar lo que ocurre o bien buscar nuevas maneras de narrar este miedo en el que estamos insertos y buscar en este miedo un síntoma para poder atacar los males que lo provocan?”.
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En ese ensayo también habla del miedo que aparece en el ámbito digital, pues dice que las redes sociales son espantosamente violentas y confrontativas. Y que caer en la dinámica de “nosotros contra los otros”, sean quienes sean es una de las violencias más grandes en las que hemos caído.
Una precarización producto de la pandemia que les tocó a los jóvenes en edad adolescente, por eso, desde la Universidad enfrentan esta realidad. Rosa Beltrán es coordinadora de Difusión Cultural UNAM y desde allí, afirma, han organizado grupos de distinta índole y actividades para dejar que los jóvenes se expresen. “La Universidad, aparte de la literatura en las que creo, creo en las dos y en la educación, tiene como objetivo devolver ese sentido de la vida. La vida tiene sentido, pero nosotros tenemos que buscar cómo hacer para que los demás también lo encuentren y nosotros mismos”.
Beltrán dice que “Miedo” forma parte de un libro de ensayos. “Es el trabajo de por lo menos tres años, de hacer una suerte de diagnóstico del mundo que estamos viviendo. Somos testigos privilegiados de este momento, aunque no sea el más halagüeño y la historia con H mayúscula no es una entidad que ocurra fuera de nosotros, nosotros hacemos historia y somos parte de la Historia”.
Dice que contendrá otros ensayos que tienen que ver con la vindicación de ciertos momentos de la historia que no habían sido registrados y ciertas actitudes o trabajos de las mujeres, “esposas de varios escritores sin cuya ayuda jamás hubiéramos conocido al genio, ¿qué hay detrás del genio? Es una exploración de algo no dicho o hablado, pero no todos hablan de la violencia y el miedo, de la escritura y la búsqueda de aquello que no se había dicho y que nos abre, quizá a nuevos territorios del pensamiento”, concluye Rosa Beltrán.
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