Uno de los ejes de la obra El efecto, de Lucy Prebble, es “la compleja relación que existe entre lo que sentimos y pensamos, y cómo lo atraviesa nuestro cuerpo de cierta forma”, afirma la directora Paula Watson. La trama, el terreno que sólo corresponde a lo anecdótico aborda un experimento en el que participan un hombre y una mujer para analizar su reacción a la ingesta de cierto medicamento antidepresivo.

A partir del experimento —explica Watson—, la obra plantea una serie de preguntas respecto al sentido mismo del amor. ¿Qué es, en verdad?, ¿se puede activar a través de un químico suministrado?, ¿es algo que se decide o se construye?, ¿se siente en un impulso? Otro aspecto fundamental para la directora es la ética farmacéutica y cómo la sociedad consume ciertos medicamentos con los que combate sus dolencias emocionales y psicológicas.

Afirma que la obra cuestiona desde qué lugar la sociedad aborda lo que llama enfermedad mental: “Creo que, en realidad, es natural estar triste, sentirse desubicada, loca, mal, desanimada. A falta de ciertas herramientas para observarnos de manera más interna y profunda, lo más fácil es medicarnos y resolver las cosas lo antes posible”.

Un punto de vista que se aborda en la obra y se encadena con la ética de lo político, lo empresarial y la farmacéutica para abonar a la medicación de la sociedad.

Watson, por supuesto, no desestima que hay personas cuyas dolencias deben arreglarse indiscutiblemente con la psiquiatría. Y abunda en que esta reflexión sobre la industria farmacéutica se compagina con otra: la de los tránsitos del amor con el paso del tiempo, la del movimiento hacia un lugar donde el acto de querer al otro se convierte en una elección deliberada, un punto lejano a los primeros encuentros. Más allá de esto, El efecto muestra las vías de cada género para confrontar sus emociones: “En el texto de Prebble es particular que los personajes femeninos se enfrentan a estados emotivos muchísimo más amplios y complejos que los masculinos”, señala Watson.

Y la obra la lleva a reflexionar sobre una sociedad que ofrece distintos abanicos para convocar la emotividad: hombres, por ejemplo, expuestos por el sistema, que aparentan tener pocos estados sensibles de cara a un mundo que se los prohíbe. Hombres en los que, entre una serie de sentimientos planos, solo hay cabida para el enojo. “En el fondo hay muchísima complejidad emotiva. Es interesante que en la obra también ocurre esto: los hombres viven cosas y pareciera que sólo son capaces de llevarlas hacia la ira, la rabia (...) No creo en esta idea de la salud mental pulcra, limpia como tal. Es natural sentirnos descolocados, pero a veces pienso en la violencia, y cómo en los hombres tiene que ver muchas veces con emociones contenidas que no pudieron expresarse”.

[Publicidad]

Al elenco lo conforman: Erika de la Llave, Antonio Vega, Samantha Coronel, David Villegas —que además es productor—, María Hajnal y Bryant Pineda.

Watson añade: hay dos personajes que no aparecen en el texto original, pero los convocó para que la parte del experimento, en la trama, tuviera más voluntarios. La traducción es de Otto Minera.

El efecto puede verse en el Teatro El Granero Xavier Rojas del Centro Cultural del Bosque hasta el 19 de julio.

[Publicidad]

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

TEMAS RELACIONADOS

Google News

[Publicidad]