Lo primero que enganchó a Boris Schoemann para llevar a escena “El adiós”, de Mireille Bailly, fue el tono, la temática y la forma tan desparpajada de plantear problemas cotidianos de una forma absolutamente arriesgada, loca, dentro de la dramaturgia, explica Schoemann, en entrevista:
“Por eso la traduje y busqué producirla durante varios años, lo cual no fue fácil porque, en una primera lectura, no es un texto sencillo; es bizarro, no es comercial. Ser cobijado por Teatro UNAM fue la mejor solución para presentarla en este momento porque hay un público ávido de propuestas distintas”.
La obra —afirma— habla de una violencia que muchos padecen sin darse cuenta: la violencia de los hijos ninguneados por los padres. Pero “El adiós” se despliega en un abanico temático y multisensorial donde logra asirse de un aspecto distinto en función de las fibras que toque del espectador, explica Schoemann.
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“Los padres la toman de una manera distinta que los hijos. Hay muchos jóvenes que la ven y se sorprenden porque la obra plantea una violencia cotidiana de un modo absurdo, surrealista, en tono de comedia o de farsa. Creo que en México no estamos acostumbrados a tocar esas temáticas que nos son tan cercanas. ¿Cuántos hijos se quieren ir de su casa y no pueden hacerlo por cuestiones económicas o todo tipo de asuntos?, ¿cuánta violencia se padece dentro de las casas una vez que las puertas de entrada están cerradas? Afuera queremos ser muy tolerantes, muy amables, muy buenas personas, pero cuando estamos entre los nuestros, de repente se ejerce una violencia de la que no nos estamos dando cuenta. Es el tipo de patrones que la autora evidencia”.

Mireille Bailly —explica el director— es una actriz belga que escribió “El adiós” para darle cauce a las emociones que enfrentó cuando su hija adolescente se fue de la casa: “Es algo extremadamente cotidiano. Aunque habla de una situación que sucede en Bélgica con los problemas de racismo y clasismo de Europa, la historia aborda los mismos problemas que estamos viviendo aquí en México”, abunda y señala que algo crucial sobre lo contundente de la obra es su relación con el Teatro del Absurdo: Samuel Beckett, Eugène Ionesco y Sławomir Mrożek.
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“Ahora que estamos tan acostumbrados a tener las cosas inmediatas, a no tener ninguna distancia para hablar de la realidad y tratar las problemáticas —más que afirmar: tal cosa está bien, tal está mal—, la obra expone una situación donde el espectador, de repente, se dice a sí mismo: no es posible que lo muestren de esta manera porque es lo que está sucediendo al lado de mi casa o en mi propia casa; la obra no viene a mostrar didácticamente lo que es bueno o malo en un comportamiento. La obra deja que el público piense y gire sobre las cosas que todos hacemos sin darnos cuenta, esa violencia que es parte del ser humano y de nuestro comportamiento social”.
Justamente, concluye, se trata de poner el dedo en la llaga de esta violencia existente en la sociedad.
"El adiós" puede verse en el Teatro Santa Catarina (Jardín de Santa Catarina 10, Coyoacán) hasta el 24 de enero, los jueves y viernes, a las 20:00; sábados, 19:00; y domingos, 18:00 horas. Es una coproducción de Teatro UNAM y Los Endebles. Actúan: Alejandro Calva, Esther Orozco, Fernando Bueno, Constantino Morán, Pilar Boliver y Emmanuel Pavía.
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