Ana Clavel reconoce que "Autobiografía de la piel" (Alfaguara, 2025) es su libro más personal, el que aborda de manera más puntual y panorámica sus búsquedas, obsesiones, deseos previos que ha ido perfilando en los diferentes libros que lo preceden. Un libro sobre la piel, el erotismo, la sexualidad, el deseo y el placer, que son los temas que la caracterizan, pero también sobre el yo, sobre ella y la piel que habita.

“Al poco tiempo de conformar esa primera voz narrativa de la piel hablando y reflexionando sobre el mundo, de pronto me di cuenta de que justo yo he trabajado mucho con la piel a lo largo de esos libros anteriores, de una suerte de sensualidad generada justamente por el contacto de la piel con el mundo y a la vez con la memoria y con el deseo, y entonces empecé a encontrar fragmentos de mis libros en los que había trabajado más específicamente el tema del deseo y la piel”, asegura la maestra en Letras Latinoamericanas por la UNAM.

En esa revisión que la llevó a revisitar sus libros, luego de indagar en ensayos literarios, filosóficos y médicos, que la hizo sumergirse en el mundo de las imágenes, en el arte y en el cine, Clavel confirmó que su literatura no solamente es una búsqueda del deseo, sino que hay una reivindicación del placer como una fuerza original, fundacional, en obras como Las ninfas a veces sonríen o en El amor es hambre, y que en ellas “hay un goce por el cuerpo como nuestra primera experiencia del paraíso”.

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De pronto, cuenta, le pareció que si bien estaba ficcionalizando la piel como personaje, también tenía claro que al hablar del deseo y del placer nuevamente desde un lugar ficticio, podía hacer pensar al lector que era un atrevimiento, pero que la final podía ser una invención, fue entonces que decidió muy importante legitimarlo con la figura de la protagonista que habita esa piel, que es una escritora que se llama Ana Clavel, todo con el fin de pudiera revelar un poco los hilos detrás de la ficción en momentos de deseo, de despertar sexual, de transgresión, de relaciones incestuosas, tanto reales como imaginarias, como pueden ser la historia del primo o la historia del padre que relata en "Autobiografía de la piel".

“Me pareció que podía yo echar mano de estas narrativas del yo, no nada más porque estuviera de moda, sino más bien porque era necesario darle ese peso específico de lo vivido, de lo vivencial. Y entonces encontré cosas fascinantes a la hora de mi búsqueda, como que el tacto es un sentido olvidado. Hay un ensayo maravilloso de un autor argentino que se llama Pablo Maurette, que justamente aborda el tema en su libro El sentido olvidado: ensayos sobre la piel”, afirma la también autora de "Las violetas son flores del deseo".

Y desde allí indagó también a nivel médico y a nivel biológico, a concientizar que la piel y el cerebro están conformados de la misma capa embrionaria, el ectodermo. Y a pensar que, como somos seres de cuerpo, seres de piel, el mundo nos entra por ese filtro, y como somos seres físicos, entonces necesitamos de la metáfora que justamente conjunta la parte física y pensar que así como el cerebro es cuerpo, que a menudo se nos olvida, la piel también es una piel pensante.

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“Me llevó a la metáfora de que la piel, protagonista de "Autobiografía de la piel", pudiera reflexionar sobre temas del cuerpo, sobre temas de la actualidad, sobre el goce, pero también el dolor, el deseo, pero también el miedo, las epifanías, el éxtasis, pero también la violencia, el acoso, el no acoso, los feminicidios y de pronto entrar en la percepción de que no hay belleza sin herida, de esas contradicciones que nos iluminan. Son dualidades conforman nuestra manera de entender el mundo y entran por la piel”, apunta.

Una novela que fue posible debido a la pandemia, pues no hubiera sido posible sin vivir esa vulnerabilidad expuesta de esa piel colectiva que de pronto se descarnó, afirma la autora de "A la sombra de los deseos en flor" y "Territorio Lolita". Una vivencia que le sirvió como un ancla para volverme a situar, asegura, y descubrir que por eso esta novela tenía que ser una obra muy personal, porque fue indagar en la memoria y ubicarse en ese devenir, en esa realidad y revisar su vida y su literatura para luego seguir adelante.

“Es un recorrido, fue como hacer una suerte de recuento de exploración e incluso con registros que son parte de mi búsqueda y también que de pronto son temas tabú que se vuelven objeto de tema de cancelación en cuanto a reconocer el placer desde etapas tempranas, en cuanto a la participación en las situaciones de exposición al deseo y esa parte de legitimación del cuerpo, de la piel y del deseo como proyecciones hacia la búsqueda de una definición a partir del placer, del dolor que también nos constituye, de la memoria, pero sobre todo del placer en estas sociedades puritanas que llevan a estigmatizar, a reprimir o vender el cuerpo como mercancía, como una zanahoria para los instintos, pero a la vez negarlos”, afirma Clavel.

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La escritora que es miembro del Sistema Nacional de Creadores y obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska en 2013 por "Las ninfas a veces sonríen", dice: “Me reconozco como una escritura que es deseante, pero también transgrede esos límites que siempre como autor cuando estás comprometido con tu trabajo, buscas llevar más allá. La cuestión del erotismo según Bataille, no es solamente este erotismo de los cuerpos, sino también como un acto incluso de misticismo con el yo y por ahí entonces esa búsqueda es una búsqueda de la escritora que está sobre todo intentando, como dice Octavio Paz, merecer lo que uno sueña”.

Clavel dice que con el libro mismo entendió que los ojos también son piel, y reconoce el papel de lo táctil en nuestras vidas.

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