“No miréis que soy muchacho y de poca edad, sino que estáis obligados a defender vuestra ciudad y patria, donde os prometo de no desamparar, hasta morir o librarla”, fueron las palabras de Cuauhtémoc, registradas por el fraile Diego Durán, a un abatido y agonizante pueblo de Tenochtitlan. De acuerdo con fuentes historiográficas, hoy se cumplen 500 años de que el último tlatoani mexica fuera ejecutado a manos de Hernán Cortés, luego de casi cuatro años de permanecer prisionero tras la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521.
Cuauhtémoc, hijo del tlatoani Ahuízotl y de una princesa de Tlatelolco, y primo de Moctezuma II, es, para los historiadores, un guerrero valiente, obstinado y estratega que impulsó las sublevaciones de los mexicas contra los españoles y aliados hasta la derrota. Para algunos, Cuauhtémoc fue el responsable de una crisis que llevó a los habitantes de Tenochtitlan a la derrota y a la muerte. Para otros, fue el gobernante que defendió hasta el final su ciudad y su pueblo.
Lo que es cierto es que Cuauhtémoc encabezó la parte final de la guerra entre los españoles y mexicas, en un contexto desfavorable donde el conquistador Hernán Cortés y los aliados ya habían asesinado o capturado a gran parte de la resistencia. Aunado al corte de recursos por las alianzas que Cortés realizó con los pueblos oprimidos por la Triple Alianza (Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan), y el golpe brutal por la epidemia de viruela, Cuauhtémoc actuó con entereza, inteligencia y valentía, características nada ajenas a quien se le otorgaba el manto de tlatoani.
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De acuerdo con el historiador Miguel Pastrana Flores, conocer a profundidad a Cuauhtémoc ha sido complicado porque no hay registros directos de su vida antes de llegar al poder, por lo que sus primeros años han sido reconstruidos con elementos contextuales.
“No tenemos datos específicos de él o su propio testimonio, pero tenemos elementos del contexto: vestigios arqueológicos, además de que conocemos cómo estaba organizada la Cuenca de México y la ciudad, referencias de la vida cotidiana, las representaciones de códices”, explica.
Pastrana Flores destaca que no se conoce con exactitud su fecha de nacimiento, por lo que sólo hay estimaciones. “Debe haber nacido entre 1497 y 1499. Era muy pequeño cuando su padre, el tlatoani Ahuízotl, muere, difícilmente se acordaba de él, tendría menos de seis años cuando sucede eso. Creemos que su madre fue la que se encargó de él en su periodo inicial”, dice el investigador de la UNAM.
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La historiadora María Castañeda de la Paz agrega que la madre de Cuauhtémoc era una noble de Tlatelolco llamada Tiyacapatzin. “Ella era la hija mayor de Moquihuix, cuarto Tlatoani de Tlatelolco, además de nieta de Nezahualcóyotl de Texcoco. Esto significa que por Cuauhtémoc corría sangre tenochca, tlatelolca”, explica.
Pastrana afirma que Cuauhtémoc “fue un personaje de alta alcurnia”, es decir, un noble del más alto grado. “Es como un símil de un ‘junior’ de nuestra época. Y ese es el origen que explica su mando como Tlatoani, porque así se formó él en la agenda de Moctezuma II, que reformó la educación escolarizada, sobre todo del Calmécac, que se volvió más ruda con el objetivo de formar gobernantes, sacerdotes y administradores”, detalla.
El tlatoani aguerrido
Diferentes representaciones de la cultura pintan a Cuauhtémoc como un guerrero incansable que no cedió ante los embates de Cortés y sus aliados. De acuerdo con la directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan, durante las batallas contra los españoles, Cuauhtémoc y sus capitanes se concentraban en infundir valor y resistencia en la lucha.
“Nuestro personaje aprovechó las victorias logradas por sus capitanes en las batallas y desarrolló diversas estrategias de resistencia. Bernal Díaz relata que una vez mandó a lanzar unas cabezas en el frente de Alvarado, declarando que se trataba de Cortés, eso provocó el desánimo generalizado en flancos enemigos”, escribe Ledesma Bouchan en la edición especial 119 de la revista Arqueología Mexicana.
El significado de su nombre, “Águila que desciende”, también es tomado en cuenta en algunas de sus representaciones, como en el cuadro Cuauhtémoc (Caballero águila), del pintor mexicano Jesús de Helguera, que fue realizado entre 1944 y 1970, y que pertenece a la colección del Museo Soumaya.
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Por el aniversario 500 de su ejecución, el Museo del Templo Mayor dedicó una exposición al último tlatoani, titulada Cuauhtémoc. Historia y Memoria, en la que se incluyeron, además de la pieza de De Helguera, bajorrelieves con figuras de águila y hechos de roca volcánica nunca expuestos y hallados por el Proyecto Templo Mayor.
En materia de esculturas, en la exhibición destaca el Busto de Cuauhtémoc, realizado por Pedro Dávalos Cotonieto, con bronce y pátina, que es parte de la colección del Museo Nacional de Historia.
El más popular quizá es el Monumento a Cuauhtémoc en el cruce del Paseo de la Reforma y la Avenida de los Insurgentes, en la CDMX, obra del escultor mexicano Miguel Noroña y que fue colocado en 1887 por órdenes del presidente Porfirio Díaz, en su afán de colocar al último tlatoani al nivel de los protagonistas de la Independencia de México.
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“Su carácter era el de un aguerrido. Para alcanzar el cargo de tlatoani se tenía que haber demostrado valía en la guerra y no cabe duda de que Cuauhtémoc demostró con creces tener esa valía en la defensa que hizo de su ciudad. Es probable que su belicosidad quedara de manifiesto desde antes, cuando formaba parte de esos capitanes al lado de Cuitláhuac”, explica Castañeda de la Paz.
Máscaras de danzas populares, nombramientos de demarcaciones, ilustraciones de libros de historia para niños, una estación del metro y hasta el logo de una popular cervecería se inspiran en la vida e imagen del último tlatoani.
Tortura y muerte
A pesar de su obstinación en continuar la batalla, la resistencia terminó mermada por Cortés y sus huestes. Además de liderar el contraataque, Cuauhtémoc continuó con una política de nuevos aliados, pero fracasó.
Tras varias batallas y la baja en los recursos y muertes, Cuauhtémoc fue capturado por Cortés y sus lugartenientes en las inmediaciones de Tlatelolco.
“No le quedó más remedio que adentrarse a unas casas que estaban en el agua, en el paraje de Coyonacazco, donde después estuvo la garita de Peralvillo que daba acceso a la calzada de Guadalupe. Parece que Cuauhtémoc trataba de escapar en una canoa cuando lo interceptó el bergantín de García Holguín, que fue quien lo llevó ante Cortés”, detalla. Esta historia se encuentra en una placa en la Parroquia de la Concepción Tequipeuhcan, en el barrio de Tepito, popularmente conocida como la placa de la esclavitud.
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Tras ser capturado, fue torturado por el tesorero de Cortés, con el pretexto de recuperar los tesoros escondidos de Tenochtitlan. “Fue una tortura incapacitante, dejó de caminar. No sabemos mucho sobre sus años encarcelado, pero sabemos que era usado como ejemplo de castigo”, apunta Pastrana.
Este hecho fue representado por Leandro Izaguirre en el cuadro El suplicio de Cuauhtémoc, de 1893, que forma parte de la colección del Museo Nacional de Arte.
Cuauhtémoc fue ejecutado mientras viajaba con Cortés a Las Hibueras, con la justificación de que estaba planeando una rebelión. Algunos estudios indican que sus restos podrían estar en la zona de El Tigre, Campeche, pero Pastrana dice que no existe evidencia.