Cómo desaparecer completamente (Anagrama, 2025) es una novela de Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) que nos sitúa en las atmósferas densas de la marginalidad suburbana, donde transcurren las vidas de una galería de figuras que, en conjunto, podrían incorporarse al catálogo de “los raros”, aunque no en el sentido de “singulares, excéntricos e innovadores”, como clasificó Rubén Darío a ciertos espíritus decadentes del siglo XIX francés, sino como sujetos incapaces de romper el círculo de enajenación y miseria que les ha tocado habitar.

La narrativa de Mariana Enríquez se caracteriza por la representación de la violencia social, la marginación urbana y la persistencia de la memoria de la dictadura, con un estilo que combina la crónica, la intensidad emocional y una mirada crítica sobre la realidad argentina. En ese contexto se desarrolla la historia de Matías Kovac, un adolescente de dieciséis años que ha sido víctima de abuso sexual por parte de su padre y que vive en el seno de una familia disfuncional marcada por una cadena de traumas: el intento de suicidio de su hermana Carla, la huida a Barcelona de su hermano Cristian y la probable persecución de un grupo de narcotraficantes.

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Crédito: Mariana Roveda/ La nación
Crédito: Mariana Roveda/ La nación

La novela presenta una estructura predominantemente lineal, aunque incorpora algunas retrospecciones que dinamizan la trama a partir de la mirada del protagonista. El punto de vista se encuentra focalizado en sus percepciones, valoraciones y cambios de humor, propios de la adolescencia. De este modo, la memoria irrumpe en el presente narrativo y alimenta el dolor, así como la necesidad de huir de un barrio opresivo que parece clausurar cualquier horizonte.

Una característica central del estilo es su tono de crónica, perceptible en la voz testimonial de los personajes, en las descripciones de lo cotidiano y lo urbano, en el uso de un lenguaje coloquial, crudo y directo, así como en la fusión entre narración y comentario subjetivo. A ello se suman escenas breves y una minuciosa construcción de espacios, ambientes y productos culturales juveniles: redes sociales, géneros musicales en boga y, de manera significativa, el consumo de alcohol y drogas. Todo ello configura un fresco inquietante de las juventudes latinoamericanas contemporáneas.

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En esta atmósfera aparecen referencias a la contracultura anglosajona, especialmente en la exhibición de la corporeidad juvenil y en la representación de los daños físicos y emocionales derivados de la ingesta de sustancias y de las múltiples violencias que los personajes padecen y, en ocasiones, reproducen, dentro de un entorno marcado por la precariedad y la desesperanza.

Por ello, la obra asume el tono de un realismo suburbano, pero también recupera tópicos de la novela de aprendizaje: la búsqueda de identidad del protagonista en su tránsito hacia la adultez, la crisis identitaria, los ritos de paso —una experiencia sexual traumática—, el enfrentamiento con la realidad, la ruptura del vínculo familiar y la adopción de modelos alternativos que permiten mitigar las adversidades (en el caso de Matías, la amistad). Finalmente, se produce una toma de conciencia que puede asociarse con la resiliencia, entendida como la capacidad de resistir y transformar el dolor.

Las frases finales de la novela muestran la ruptura del personaje con su familia y con el entorno social, así como la posibilidad de iniciar una nueva etapa de crecimiento. Dice el narrador: “Porque había logrado irse y, cierto, no era gran cosa, pero era lo primero que lograba hacer solo. Seguro que le había cambiado la cara. Tenía ganas de mirarse en un espejo para comprobarlo.”

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