En Fetiches ordinarios, Luigi Amara (CDMX, 1971) no solo repara en el universo de las cosas habituales en la vida moderna del animal humano sino que las devuelve al estado prístino de su concepción: auténticos acompañantes y testigos dignos de sorpresa, meditación y escrutinio. Esta aproximación resulta de la estrategia cognitiva desfamiliarizadora que desactiva la inercia de nuestra manida relación con el mundo de las cosas despertando el estupor originario que las soñó: “en realidad no hay un asunto menor para el observador curioso ―escribe el autor en lo que podría pasar por un credo personal―, y es difícil dar cualquier tema por agotado cuando quien lo interroga se deja llevar por el vuelo de las asociaciones”. No solo eso, Amara tiene el mérito de revivir en los lectores el deleite por observar a alguien ejercitar, con gozo manifiesto, el pensamiento a través de conectar ideas en apariencia imposibles; el seguir, como sugiere Phillip Lopate, a donde una mente interesante quiera llevarnos.

Las preguntas que desarrolla Fetiches ordinarios conducen a más cuestionamientos, la curiosidad antropológica, el gusto por la aproximación a los asuntos más variados y el relativismo cultural implícito en su discurso son altamente seductores. Amara no deja atrás la investigación, sus fuentes son inesperadas y horizontales. Es erudito sin eludir el best seller: igual convoca el Génesis que El infinito en un junco. El volumen, compuesto por cuarenta y ocho ensayos originalmente aparecidos en el suplemento El Cultural, aglomera varias capas de información en los registros del lenguaje técnico, popular, personal y científico. Esta elección de sus fuentes declara una intención por mezclar distintos saberes y tradiciones, un interés universal que apenas distingue de jerarquías y cuya política de escritura es modesta, relativa y democrática.

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Crédito: Gobierno de México
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El autor se reinventa, escribe bajo ciertas estrategias seguras, pero también asume otras riesgosas: los inicios son sorprendentes, como buen prescriptor de libros y arte contemporáneo la reunión de citas inesperada, a veces rumia etimologías, rescata los elementos antropomorfos de los objetos, propone juegos semánticos que evidencian el placer por las palabras, despliega sentido del humor y se acoge a la verosimilitud matizando la exageración a la que puede conducir la fantasía (Aunque la maleta tenga algo de chistera de mago, no consigue burlar a la báscula del exceso de equipaje). Para nada es apocado: el discurso respira sin estreches respecto a la sexualidad o la escatología, pues en el fondo defiende que no hay ángulos censurables para la inteligencia.

Acerca de la obra de Amara (más de veinte títulos), Liliana Muñoz reflexionó que “es una declaración de principios: a la manera de un performance literario, coloca al yo en el centro y lo enfrenta con lo otro, lo desnuda, se regodea en esa pugna que es, por un lado, una inmersión y un escape de lo conocido y, por otro, una excursión al túnel de lo desconocido, de aquello que produce asombro, aunque se esconda bajo la máscara de lo cotidiano.” Con Fetiches ordinarios y su tácita posición política, Luigi Amara se revela como algo más que un escritor, un hombre cuya voluntad se esfuerza por consolidar una práctica, una acción en pos de la amalgama que discutió el humanismo, y que preocupó tanto a Michel de Montaigne como al polifacético Henry D. Thoreau, entre vita activa y vita contemplativa.

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Si algo hay de discutible en la introducción de Fetiches ordinarios es la tajante separación que hace el autor entre naturaleza y cultura y la tendencia de ver al animal humano como un ente sobresaliente en la naturaleza, dos asuntos que la biología ha cuestionado desde la década de 1970 con trabajos como los de Edward Wilson o Stephen Gould. Por su parte, la buena cantidad de tópicos que se repiten (la estructura del escusado como silla, el empleo del xylospongium entre los romanos, el ensayo “Rondar las calles” de Virginia Woolf o la reiteración del kintsugi como ejemplar), no son más que redundancias involuntarias de alguien que ha olvidado las muletillas temáticas que lo circundan.

Pese a esta quisquillosa anotación, el libro del maestro del ensayo que es Amara es ameno, inteligente, generoso y didáctico. Su origen periódico, provee a cada uno de los textos de una extensión uniforme de lectura cómoda y rápida sin dejar de ser sustanciosa. Sin duda, un imperdible que revitaliza a los objetos que nos hacen la vida más fácil, y de paso al ensayo nacional.

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