La nueva voz del Órgano Monumental del Auditorio Nacional, OMAN, generada por el sistema de control de órganos Opus-Two, la revisión de casi 16 mil flautas y la rehabilitación del cableado, se presentó ayer al público en la gala de reapertura. La Orquesta Sinfónica Nacional de México, dirigida por Ludwig Carrasco, y el solista y organista titular del Auditorio Nacional, Héctor Guzmán, interpretaron el Concierto para órgano y orquesta en sol menor HWV 289, de Georg Friedrich Händel, Concierto para órgano, cuerdas y timbales en sol menor FP 93‚ de Francis Poulenc, Retablo medieval: Concertino para órgano y orquesta, de Miguel Bernal Jiménez, y la Sinfonía núm. 3‚ en do menor, con órgano, Op. 78, Sinfonía con órgano, de Camille Saint-Saëns. Al mediodía, la cuarta parte de la butaquería del auditorio ya estaba ocupada. Familias, parejas y melómanos tomaron su asiento. Grupos de gentes iban y venían en un ambiente animado.

Los tres pisos que ocupa el instrumento no son visibles para el público, salvo la consola, su pedalero y las dos áreas que dejan a la vista el sistema tubular, bajo las pantallas, como sendas ventanas con el color metálico y opaco de las flautas que relucieron al apagar las luces. La orquesta sale al escenario y el público aplaude mientras los músicos, vestidos de blanco, improvisan por dos o tres segundos. Con ellos, aparecen Guzmán y Carrasco. Una cortina roja los enmarca y tras ellos, la pantalla crepuscular, color durazno, los ilumina. Empiezan con Händel y su textura introspectiva que abarca toda esa atmósfera. Es solemne, dramático, parece condensar una serie de preámbulos que entreteje. El público aplaude, los músicos acaban, el maestro Guzmán hace una reverencia y, más sombrío, heróico e intempestivo, inicia Poulenc. Con el pedalero, Guzmán sostiene una tensión que llega a su límite y desencadena el suspenso.

El siguiente escalón es Bernal Jiménez, cargado de genio y singularidad, antes de dar paso al intermedio y la tercera sinfonía de Saint-Saëns, en la que el órgano, más que ser solista, integra la orquesta y resalta su sonido espectacular, explica en entrevista Guzmán, y dice que el concierto no habría sido posible sin el técnico organero Marco Ángel Sánchez, el experto estadounidense, Robert Knight, y el equipo del Auditorio Nacional.

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