La ha estado en boca de todos en los últimos meses: funcionarios públicos, el gremio cultural y opinólogos que hasta hace unas semanas se adentraron a la intrigante historia de uno de los acervos de más relevantes. Los alegatos y especulaciones han llevado a conversaciones extensas, amplias e incluso repetitivas y agotadoras sobre el patrimonio de un país, la propiedad privada y hasta el orgullo nacionalista, perdiéndose en el camino qué es lo que habrían deseado sus propietarios, el productor de cine Jacques Gelman y su esposa Natasha.

La respuesta a este dilema sólo estaría en el testamento de Natasha, la última en fallecer, documento al que EL UNIVERSAL revisó, consultó y verificó, y con el que se comprueba que Robert Littman, uno de los protagonistas de esta historia, incumplió con los deseos de quien fue su amiga.

Para comenzar, en efecto, Littman no sólo es el albacea de Natasha Gelman, sino que es legatario de la colección de arte mexicano, tal y como dijo Alejandra de la Paz, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el pasado 6 de abril en una entrevista concedida a Canal 22.

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Obras: Variación de un viejo tema, 1960,
Carlos Mérida (Col. Zambrano); Retrato de Jacques Gelman, 1945, de Gunther
Gerzso (Col. Vergel); Sin título, 1915-1917,
de Ángel Zárraga (Col. Vergel); y Última hora, 1915, de Diego Rivera (Col. Zambrano). Foto: Santiago Cadena / EL UNIVERSAL
Obras: Variación de un viejo tema, 1960, Carlos Mérida (Col. Zambrano); Retrato de Jacques Gelman, 1945, de Gunther Gerzso (Col. Vergel); Sin título, 1915-1917, de Ángel Zárraga (Col. Vergel); y Última hora, 1915, de Diego Rivera (Col. Zambrano). Foto: Santiago Cadena / EL UNIVERSAL

Para tener en claro los términos legales, Luis Cacho, experto en derecho cultural explica que mientras un heredero recibe las posesiones a nivel “universal”, un legatario sólo hereda una parte concreta del total, en este caso las obras de arte de los artistas que se mencionan puntualmente en el testamento: Miguel Covarrubias, Gunther Gerzso, Lucero Isaac, María Izquierdo, Frida Kahlo, Agustín Lazo, Carlos Mérida, José Clemente Orozco, Carlos Orozco Romero, Jesús Reyes Ferreira, Diego Rivera, Vicente Rojo, José Luis Romo, David Alfaro Siqueiros, Juan Soriano, Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Ángel Zárraga.

Sin embargo, Robert Littman requería cumplir ciertas voluntades de Natasha al recibir esta herencia: “Lego, con las condiciones que se establecen en las cláusulas que más adelante se señalan, en favor del señor Robert Littman, la colección de Pintura Mexicana denominada ‘JACQUES Y NATASHA GELMAN’”, se lee en el testamento datado en 1993.

La primera condición establecida es la que no cumplió Robert Littman: “la colección deberá conservarse en su conjunto, es decir, las noventa y cinco obras de los artistas mexicanos antes mencionados no podrán dividirse”.

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Autorretrato, 1932, de José Clemente Orozco. (Col. Zambrano).
Retrato de Cantinflas, 1948, de Rufino Tamayo. (Col. Zambrano)
Autorretrato con trenza, 1941, de Frida Kahlo. (Col. Zambrano). 
Fotos: Santiago Cadena / EL UNIVERSAL
Autorretrato, 1932, de José Clemente Orozco. (Col. Zambrano). Retrato de Cantinflas, 1948, de Rufino Tamayo. (Col. Zambrano) Autorretrato con trenza, 1941, de Frida Kahlo. (Col. Zambrano). Fotos: Santiago Cadena / EL UNIVERSAL

Como reportó este diario el pasado 13 de abril, la colección semilla, es decir aquella que fue adquirida por los Gelman, se ha dividido y esto es posible verlo en la exposición Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander, que se exhibe en el Museo de Arte Moderno.

De las 68 obras en exhibición, 36 forman parte de la colección semilla, de las cuales 30 son de la familia Zambrano —casi una tercera parte de la colección mencionada en el testamento— y seis pinturas son de la Fundación Vergel, propiedad de Robert Littman. Se tratan de obras firmadas por Zárraga, Tamayo, Gerzso y Lazo.

Fue en 2023 cuando Littman vendió a la familia Zambrano un fragmento de la colección. Una fuente cercana a los compradores dijo a EL UNIVERSAL que la familia compró “lo que ofreció Robert Littman. Se desconoce su razonamiento de porque quiso quedarse con ciertas obras”. En 2024, en una subasta de Sotheby’s, en Nueva York, se vendieron 11 piezas de la colección semilla, entre estas una de Covarrubias, una de Siqueiros, una de Soriano, dos de Orozco Romero, tres de Gerzso y tres de Mérida .

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“Los deseos de Natasha deberían respetarse”, declaró a EL UNIVERSAL Janet C. Neschis, quien fue abogada de la coleccionista en Estados Unidos, durante la década de los 90 y fue nombrada como albacea sustituta de Littman, en caso de “muerte, incapacidad, excusa o remoción”.

Otras condiciones

Uno de los comentarios que más ha circulado sobre las voluntades de los Gelman es que la colección de arte moderno mexicano debía permanecer en México. El propio Littman lo comentó en 1998 en entrevista con Merry McMasters, cuando dijo que quien quisiera la colección debía cumplir con la condición de que “se quede en México”. Neschis, también directora de la Jacques & Natasha Gelman Foundation, dice que aunque no trabajó con Gelman en sus asuntos legales mexicanos, “estaba enterada de lo que estaba pasando”: “Quería que las pinturas se mantuvieran exhibidas para el público mexicano”.

Sin embargo, en el testamento, notariado por Armando Galvez Pérez Aragón, se puede confirmar que una de las condiciones es que la colección sea accesible en un recinto de elección de Littman, pero no especifica que sea en México:

“Debera exponerse la colección, en un Museo o Centro Cultural de carácter privado, que al efecto señale el señor Robert Littman, bajo el entendido de que el público en general tenga acceso a la misma”.

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Además, Natasha Gelman autorizó la itinerancia de sus obras:

“El señor Robert Littman podrá autorizar que la colección salga del país con el objeto de que sea expuesta en el extranjero, previas las autorizaciones correspondientes que al efecto otorgue el Instituto Nacional de Bellas Artes o cualesquier otra autoridad administrativa, toda vez que la obra de los pintores Frida Kahlo, José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros integran el patrimonio artístico de la nación mexicana, y en su casi cualesquier otra obra que así sea considerada”.

Natasha también indicó a Littman que con el total de la venta de su residencia en Cuernavaca y su menaje debía financiar el mantenimiento de la colección.

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Mientras que el 50% por la venta de su departamento en la Ciudad de México, así como su menaje debía irse para la colección y el resto como gratificación a dos personas que trabajaron para el matrimonio de los Gelman.

Al final del testamento, Natasha Gelman expresa su voluntad de revocar el testamento que ya había realizado en Nueva York el 5 de mayo de 1989, ante el entonces Cónsul General de México, Agustín Barrios Gómez.

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