El pigmento rojo de importantes códices prehispánicos, como el Borgia, cautivó a los conquistadores hasta terminar siendo exportado a Holanda y Francia como “oro rojo” y usado en obras de arte como las de Pierre-Auguste Renoir y Vincent van Gogh. Se trata de la grana cochinilla, insecto que genera ácido carmínico que hasta la fecha sigue dando el ardiente color rojo a productos como alimentos, maquillajes y textiles y cuya vertiente fina hoy en día es producida por pocos, como la artista Catalina Yolanda López Márquez (Oaxaca, 1951), quien durante 50 años se ha dedicado a producirla, investigarla y difundirla. Esta labor le ha valido el Premio Nacional de las Artes 2025, en la categoría de Artes y tradiciones populares.
“Tiene una importancia mundial histórica, salió de Veracruz y llegó a Holanda, Francia, Turquía y hasta Corea. Fue una maravilla para el México colonial porque se carecía de un color rojo. Es historia y memoria viva de nuestros pueblos indígenas, sobre todo de Oaxaca. Además es muy importante porque es parte de la biodiversidad de Oaxaca. La grana cochinilla no sólo es color, es vida”, afirma López Márquez en entrevista con EL UNIVERSAL.
López Márquez expone los retos que afrontan para producir la grana cochinilla, el desconocimiento existente sobre esta práctica artesanal y cómo esto la ha llevado a estar en peligro de extinción; habla del museo que cofundó, donde recibe a niños y turistas que aprenden del tema, mientras lidia con las dificultades para mejorar la experiencia.

Lee también “Tiene uno que insistir, ser terco en lo que quiere ser”: Irma Palacios, Premio Nacional en Bellas Artes
En extinción
Catalina Yolanda López Márquez supo de las dificultades a las que se enfrentaría al criar grana cochinilla desde aquel hallazgo en la granja de su abuela: “Fui observando cómo se iba desarrollando y expulsando la grana cochinilla y eso lo hacía cada tres meses, entonces tenía que estarle cambiando el nopal para que se inciaran nuevos ciclos. Posteriormente, fui descubriendo poco a poco las maravillas que ofrece la grana”. A esas maravillas que se refiere la investigadora son tintes para grabado, serigrafía, textiles, ya sean tanto de origen vegetal como animal; acuarelas, óleo, alimentos y destilados.
¿La grana cochinilla está en peligro de extinción? Se le pregunta a la experta, quien responde: “pues sí, es muy difícil mantenerla viva”. El calvario que implica su producción, que “se tiene que hacer de manera orgánica y manual”, como explica López, es uno de los motivos que han llevado a la grana cochinilla a vivir en esta situación.
Todo empieza con el nopal, para el que no se deben usar agroquímicos, único alimento de la grana cochinilla. Pero esta planta, aunque abundante, requiere de dos a tres años para crecer y estar listo para ser hospedero, tiene que estar robusto, bien hidratado y libre de enfermedades y tierra.

Lee también Parques del Tren Maya: Crímenes de lesa arqueología
Esa es la primera parte. El siguiente paso, cuando el nopal ya está listo, hay que colocar la grana cochinilla madre, lograr que adhiera a la penca sus crías e iniciar un nuevo ciclo, uno que va ahora a contrarreloj. “La grana cochinilla dura caminando 24 horas, si en ese periodo no se le coloca otro nopal, se pierde, se muere. El frío también la congela y ya no prospera”, añade. También hay que defenderla de insectos depredadores, como algunas mariposas, e incluso evitar la tierra, que impide que se adhiera el insecto. “Su ciclo biológico dura de 60 a 90 días, 60 en días de calor y 90 en tiempo de frío. El cambio climático los afecta, igual que los vientos y la lluvia”.
Esto hace que el proceso de producir grana cochinilla sea tardado y que a la vez requiera mucha precisión. Para sortear esas necesidades, López Márquez inventó la “nopaloteca”, un banco con las condiciones ideales para la reproducción de la grana.
“Acomodo los nopales. Primero intenté con una tira con clavos y amarré algunos nopales, como vi que sí se logró el grosor y la hidratación adecuada, hice cinco niveles más, ahí se evita que la grana se desprenda del nopal cuando llueve, el viento no le afecta, la tierra cae al suelo”, comenta.

Lee también El INAH responde sobre parque Balaam Tum: “No se ha lesionado patrimonio mexicano”
“Son insectos de hábitat crítico porque requieren mucho cuidado y mucha atención. Hay personas que sí se interesan y algunas aún conservan el pie de cría que se les donó hace tiempo, pero la mayoría como que se desanima porque sí hay que estar muy al pendiente de eso. Hay quienes se dedican a tejer y dicen ‘o cuido la grana cochinilla o me pongo a tejer”.
El museo
Para la creadora, otro reto financiero es conservar Nocheztlicalli Museo Ecológico de Grana Cochinilla y Nopal (Nardos 616, Santa Lucía, Oaxaca). Hasta hace poco el recinto compró un microscopio gracias a donaciones, pues el que tenían fue robado.
“Me gustaría tener aire acondicionado para el invernadero, algunos metates porque ahí los niños hacen actividades, así como godetes, pinceles y sillas porque ahorita tengo troncos de madera que ocupo como bancos, y otros dos o tres microscopios más para que no tengan que hacer la fila enorme. Igual una estufa con gas, para hacer los talleres de teñido, usamos una de leña y carbón. También me gustaría un área de exposición, que no tenemos”.
Sobre si además de este premio, en el pasado, ha recibido apoyo de autoridades estatales o federales para difundir esta tradición, López Márquez explica que no porque es muy “desconocida”. Trata de crear conciencia del tema, pero una vez un gobernador –que prefiere no nombrar– la dejó plantada. Aun así, la premiada quiere invitar a la presidenta Sheinbaum para que conozca el proceso.

[Publicidad]
[Publicidad]


