En México, el 36.9% de las personas adultas vive con obesidad y se prevé que esta cifra alcance el 45% para el año 2030, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Actualmente, la incidencia de esta enfermedad es del doble en comparación con la década de los 80.

La obesidad va más allá de una cuestión estética, se considera un serio problema médico capaz de elevar el riesgo de desarrollar otros padecimientos de gravedad, tales como diabetes, hipertensión, colesterol alto, apnea del sueño (cuando la respiración se interrumpe) e incluso algunos tipos de cáncer.

Esta enfermedad crónica se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo, la cual puede ser perjudicial para la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se presenta cuando hay un desequilibrio entre la ingesta de calorías y el gasto de las mismas, aunque en la mayoría de los casos se debe también a variantes genéticas, factores psicosociales y a vivir en un entorno obesogénico.

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Durante muchos años, el diagnóstico tanto de la obesidad como del sobrepeso se efectuó calculando el índice de masa corporal (IMC), un número que se obtiene al dividir el peso de la persona entre su estatura elevada al cuadrado. Si bien resulta un marcador indirecto de la grasa, especialistas coinciden en que no proporciona toda la información sobre la condición de salud de los pacientes.

Por un diagnóstico preciso

“Anteriormente, la obesidad se clasificaba mediante el conocido índice de masa corporal, por lo que una persona con un IMC superior a 30 era indicativo de esta enfermedad. Sin embargo, se tenían muchos errores de diagnóstico porque la obesidad es exceso de grasa y el IMC es una fórmula matemática que no mide cuánta tiene el paciente ni dónde se encuentra distribuida. Además, este parámetro no distinguía entre la grasa de un hombre o una mujer, o de un niño o un adulto.

“Por ello, en primer lugar, se debe investigar si los pacientes cuentan con exceso de grasa, para determinar si tienen la condición de obesidad. No todas las personas con dicho excedente están enfermas en ese momento. Hay algunas que pudieran desarrollar enfermedades a futuro pero estar sanos en el presente”, explica Ricardo Luna Fuentes, presidente fundador de la Sociedad Mexicana de Obesidad.

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El exceso de adiposidad debe confirmarse, al menos, mediante un criterio antropométrico adicional, ya sea la circunferencia de la cintura o el índice cintura-cadera o cintura-estatura, tal como se propone en un reciente trabajo publicado en la revista médica The Lancet y realizado por una comisión global sobre obesidad clínica, en la cual se involucraron 58 expertos de diferentes países y especialidades médicas, como endocrinología, medicina interna, cirugía, nutrición y biología.

Dicho excedente también puede corroborarse a través de la medición directa de grasa corporal, por ejemplo, mediante un escaneo de densitometría ósea. En los casos de personas con un índice de masa corporal muy elevado (mayor a 40), éste puede asumirse de manera pragmática.

Dos categorías de obesidad

“Una vez que se determina que los pacientes tienen la condición de obesidad, deben considerarse dos parámetros: si la persona tiene daño en órganos o tejidos, a lo cual se le va a llamar obesidad clínica; o si todavía conservan dicha función, a lo que se le nombra obesidad preclínica. Es importante conocer dicha condición ya que el tratamiento va a ser diferente en cada caso”, apunta el doctor Ricardo Luna Fuentes, quien formó parte de la comisión global mencionada.

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La obesidad clínica puede llevar a afectaciones graves en diferentes órganos y causar complicaciones que alteren la vida o la pongan en peligro, tales como ataque cardiaco, accidente cerebrovascular o insuficiencia renal.

Estos pacientes pueden manifestar dificultad para respirar, dolor en las rodillas o caderas, o limitación del movimiento. La obesidad clínica también se asocia a una capacidad significativamente reducida para llevar a cabo actividades cotidianas: vestirse, comer, bañarse, ir al sanitario o contener los esfínteres.

Las personas con esta condición deben recibir un tratamiento oportuno enfocado en la corrección o terapia, cuyo objetivo primordial sea conseguir una mejora o, de ser posible, la desaparición de las manifestaciones clínicas de esta enfermedad, y de esta manera evitar la progresión del daño.

Mientras que la obesidad preclínica es una condición con una función orgánica normal, es decir, los pacientes no tienen un padecimiento en curso pero existe el riesgo de evolucionar a la etapa clínica y desarrollar otras afecciones en el futuro, como diabetes tipo 2 o problemas cardiovasculares.

“El objetivo del tratamiento, en este caso, es prevenir que se desarrolle obesidad clínica. Éste debe basarse principalmente en la modificación del estilo de vida, aunque algunos pacientes quizá necesiten terapia farmacológica profiláctica”, indica el presidente fundador de la Sociedad Mexicana de Obesidad.

Además del asesoramiento en salud, el abordaje de la obesidad preclínica debe incluir un seguimiento a largo plazo y, cuando sea necesario, la intervención oportuna para minimizar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con esta afección.

Recomendaciones de salud

Mientras que la comisión global sobre obesidad clínica propone un cambio en el análisis del diagnóstico de la obesidad, la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología (SMNE) presentó recientemente las primeras Guías de Práctica Clínica de México para el Manejo del Sobrepeso y la Obesidad en Adultos, las cuales brindan recomendaciones específicas para la evaluación clínica, tratamiento nutricional, farmacoterapia y abordaje de la salud mental.

“Se busca que este documento pueda llegar al médico de primer contacto y que estas estrategias puedan ser implementadas para tratar de corregir esta gran pandemia. Otro objetivo se enfoca en que el personal de salud entienda que es una enfermedad crónica y que el tratamiento tiene que mantenerse a largo plazo”, menciona Juan Carlos Garnica Cuéllar, endocrinólogo e integrante del Grupo de Trabajo en Obesidad de la SMNE.

Entre las recomendaciones propuestas en estas guías se menciona, por ejemplo, evaluar el riesgo cardiovascular en adultos de 18 años o más con sobrepeso u obesidad en el primer nivel de atención. También se sugiere referir a estos pacientes, con o sin comorbilidades, a un programa multidisciplinario.

Respecto a las sugerencias vinculadas con las nutrición médica y actividad física, se especifica que los planes de alimentación deben ser prescritos por un nutricionista certificado en lugar de un médico de atención primaria, además de que se deben implementar acciones dirigidas a controlar las conductas sedentarias.

“En las guías se aconseja utilizar snacks de ejercicios, que consisten en realizar movimientos durante un minuto y luego seguir con las actividades normales. Con cuatro o cinco veces que se realicen durante el día se marca una diferencia metabólica”, señala Leonor Mireles Zavala, subcoordinadora del Grupo de Trabajo en Obesidad de la SMNE.

Las recomendaciones asociadas a la farmacoterapia se enfocan en hacer o no uso de diferentes medicamentos. Por ejemplo, en las guías se sugiere utilizar como parte del tratamiento agonistas de los receptores del GLP-1 a largo plazo (como la liraglutida o semaglutida) en adultos con sobrepeso u obesidad sin diabetes.

“Es importante saber que la obesidad tiene control y marca una diferencia en la salud de cualquier persona no solo a corto sino también a mediano y largo plazo. Al ser una enfermedad crónica, se debe hacer un cambio de chip: aprender a comer, hacer actividad física y saber manejar la ansiedad. Estas medidas provocan que se pierda peso y se mantengan los resultados”, agrega la endocrinóloga Leonor Mireles Zavala.

¿Sabías que…?

El 4 de marzo se conmemora el Día Mundial contra la Obesidad con el objetivo de incrementar el conocimiento sobre esta enfermedad, luchar contra el estigma del peso y fomentar acciones tanto de prevención como de promoción de la salud.

¿Qué es un ambiente obesogénico?

Se conoce de esta manera a la suma de influencias que el entorno, las oportunidades o las condiciones de vida tienen en la promoción de la obesidad tanto en individuos como en poblaciones. Este tipo de ambiente puede estar condicionado por factores como la disponibilidad y consumo de comida rápida, o de alimentos ultraprocesados o bebidas azucaradas.

También entra en juego una alta exposición a la publicidad de este tipo de alimentación, el sedentarismo, el tiempo excesivo frente a las pantallas (sea celular, videojuegos o televisión), el estrés, los trastornos del sueño e incluso vivir en sitios con pocos espacios apropiados para la práctica de ejercicio.

Fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)

El sobrepeso en los niños puede conducir a la aparición temprana de diabetes tipo 2, además de situaciones como el acoso escolar. De igual manera, puede ser causante de enfermedades crónicas en la vida adulta, entre ellas, diabetes, hipertensión y otros problemas cardiovasculares (Fuente: Unicef).

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