Los protagonistas del inesperado romance de no podrían ser más diferentes. Un cosmopolita fotógrafo que ha recorrido el mundo y una mujer sumida en su rutina de ama de casa en EU, pero que al final no puede abandonar a su familia para huir con él. Los personajes de la novela llevada a la pantalla probablemente no harían el match perfecto en una app de citas, pero definen en mucho la fascinación por lo que se considera romántico: los imperfectos e imposibles; el trágico sabor de la vida que Shakespeare y los grandes literatos se esforzaban por describir a detalle.

Pero en la actualidad hay una extraña afición por encontrar a la pareja perfecta, y para resolver tal proeza, la Inteligencia Artificial (IA) parece estar renovando votos con los amantes del primer cuarto del siglo XXI.

Nuevos algoritmos

Las aplicaciones de citas han cambiado la forma de concebir el romance. Aprovechando la tecnología y el análisis de datos, sus complejos algoritmos buscan predecir la compatibilidad, según las preferencias, intereses y comportamientos del usuario. El aprendizaje automático perfecciona continuamente estas coincidencias, facilitando más que nunca encontrar pareja en la era digital, al mismo tiempo que se intenta limitar o frenar el golpe de los amores fallidos.

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El recuento histórico de las citas en línea se remonta varias décadas antes de la llegada de Internet. Según información de la Facultad de Ciencias de Datos de la Universidad de Virginia, las primeras formas de “citas por computadora” surgieron a mediados del siglo XX con los llamados algoritmos de estabilidad, que se centraban en la “permanencia” de las parejas. Los modelos fueron evolucionando y con la llegada de Internet y el manejo masivo de datos, los modelos de compatibilidad encontraron nuevas herramientas.

Ya con la entrada de este siglo, los modelos de compatibilidad partían de cuestionarios que introdujeron modelos basados en “dimensiones de compatibilidad” (personalidad, valores, estilo de vida). Luego, la llegada de Tinder popularizó los algoritmos basados en el comportamiento inmediato, se pasó de la compatibilidad teórica a la llamada “gamificación” del amor: el algoritmo aprende de quién te atrae mediante “deslizamientos” a la izquierda o derecha y el tipo de interacción con esos perfiles.

En los últimos años, el desarrollo de estos algoritmos ha estado centrado en una “predicción de química”, basada en la IA y el Machine Learning. Los algoritmos modernos usan el aprendizaje y procesamiento de lenguaje natural (NLP) para analizar fotos, biografías e historial de conversaciones. Así se persionalizan las recomendaciones, llegando incluso a integrar datos de geolocalización para optimizar citas en persona.

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Una forma en que muchas aplicaciones buscan conectar a dos individuos hoy es mediante el llamado filtrado colaborativo. Se construye una matriz que registra las interacciones sobre patrones de comportamiento en gustos y búsquedas. Los algoritmos calculan qué usuarios son similares y se sugieren elementos nuevos basados en gustos parecidos de otras personas. Es una herramienta similar a la que utiliza Netflix para recomendar series o películas a determinados individuos.

En un episodio de su podcast sobre relaciones humanas, Liesel Sharabi, directora del Laboratorio de Relaciones y Tecnología de la Universidad Estatal de Arizona, analiza cómo estos cambios tecnológicos han transformado la forma en que las personas se conocen y consolidan relaciones. En las últimas dos décadas, las apps y los sitios web han diversificado y transformado los medios mediante los que nos interrelacionamos con amigos y familiares, pero también la forma en que nacen o se consolidan nuevos encuentros.

Un estudio de la Universidad de Stanford reveló que el 50.5% de las nuevas parejas en EU se conocieron en línea, mientras que una encuesta del Pew Research Center de 2023 reveló que 3 de cada 10 adultos estadounidenses de todas las edades han pasado algún tiempo en sitios web o apps de citas tratando de encontrar una pareja estable, no simplemente un encuentro sexual casual. Si bien es cierto que un mayor acceso a Internet condiciona las herramientas disponibles para esta búsqueda, también es cierto que las tendencias globales están en posar la mirada en los otros bajo el filtro digital.

Infografía: Ani Cortés
Infografía: Ani Cortés

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Sharabi considera que lo que ha sucedido es que se ha ampliado el abanico de opciones para encontrar pareja. Las personas ya no se limitan a conocer a las personas que encuentran en su cotidianidad. El menú se abre, pero eso también significa que en lugar de conocer a alguien en persona, mirarlo a los ojos y entablar una conversación, se presenta un perfil y el conocimiento del otro se aborda de una forma muy diferente. Se evalúan atributos de un perfil bidimensional que sustituye a la persona real.

Aunque la IA lo que intenta hacer es ir más allá de los sujetos que nosotros mismos inventamos (consciente o inconscientemente) en las redes sociales, pues analiza a fondo gustos, comportamientos y hasta los detonantes de cambios de humor para ofrecer perfiles que encajen más con nuestros deseos, para la psicóloga la realidad es que no hay mucha evidencia de que los algoritmos sean mejores que los humanos a la hora de intentar decidir en quién podrías estar interesado.

Sin embargo, señala que hay ciertas virtudes en el proceso. Hay evidencia de que creer que un algoritmo podría saber con quién serías compatible, puede ser una poderosa herramienta para moldear comportamientos positivos, pues la idea de que frente a ti tienes personas que son “ideales” puede llevar a un individuo a desenvolverse de una forma más segura frente al otro. En lo que ella denomina “una especie de profecía autocumplida”, donde las revelaciones honestas puedan cimentar una relación más funcional cuando se conozca a la persona en el mundo real.

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¿Amores imposibles?

Pero la IA no solo es el nuevo aliado para formar vínculos con otras personas, también los personajes virtuales pueden convertirse en el oscuro objeto del deseo. Una investigación del Laboratorio de Interacción Humana Virtual de Stanford se centró en investigar cómo los entornos virtuales pueden crear emociones reales e incluso crear sensaciones de presencia social, aunque solo se trate de personajes creados con herramientas tecnológicas.

En una reciente investigación de la Universidad de Oxford, se realizó un análisis computacional de un conjunto de datos multimodal con más de 35 mil capturas de pantalla y publicaciones. Se identificaron siete tipos prevalentes de interacciones sociales entre humanos e IA: comportamiento íntimo, interacción mundana, autorrevelación, juego y fantasía, personalización, transgresión y ruptura de la comunicación.

Los investigadores realizaron asociaciones con emociones humanas básicas y los hallazgos sugieren varias cosas sobre la conexión emocional con la IA, como emociones intensas en los encuentros íntimos con chatbots, así como miedo y tristeza ante la falta de comunicación. El desarrollo de esta intensidad emocional tiene varios riesgos, pues como en la vida real, quien tiene más información puede manipular más fácilmente al otro.

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El beneficio económico mediante la manipulación emocional es solo uno de los riesgos de estas interacciones virtuales. Los algoritmos pueden reforzar prejuicios raciales o sociales al priorizar a usuarios más populares o atractivos, relegando a otros grupos; además algunas aplicaciones usan perfiles falsos o bots para mantener el compromiso de los usuarios que tienen la esperanza de estar muy cerca de su perfecto amorío.

Para Sharabi, las aplicaciones para encontrar pareja forman parte de una tendencia global sobre la forma en que nos relacionamos con el mundo, pero es importante entender sus alcances y limitaciones. La psicóloga compara la experiencia de las citas antes de que existieran estas apps. La gente sólo podía conocer a un número limitado de personas con las que se podría estar interesado románticamente y se brindaba una oportunidad al otro incluso si carecía de la perfección soñada. Las apps de citas pueden hacer que la gente simplemente deslice el dedo en su celular una y otra vez en busca de algo que en realidad no existe, en lugar de comprometerse a construir una relación a pesar de las imperfecciones propias y ajenas.

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