¿Qué hace que una persona deposite su dinero en una Sofipo, muchas veces por primera vez dentro del sistema financiero formal? Sin duda, no está evaluando razones de capitalización, ni metodologías de medición de riesgo, está tomando una decisión profundamente humana: confiar. Y esa confianza debe estar respaldada por entidades fuertes y confiables. A finales del año pasado, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores publicó en el Diario Oficial de la Federación nuevas disposiciones en materia de capital para las Sociedades Financieras Populares (Sofipos). Puede parecer un ajuste técnico más dentro del entramado regulatorio, pero para quienes operamos en este sector, es un avance en el objetivo de mantenernos a la vanguardia de las mejores prácticas internacionales, que les brinden mayor confianza a los clientes de que su dinero está en buenas manos. Dentro de los controles prudenciales, el capital es la primera línea de defensa de las personas usuarias, es la arquitectura invisible de la confianza. Es la capacidad de absorber pérdidas, de resistir ciclos económicos adversos y de garantizar continuidad operativa en escenarios complejos. Si aspiramos a ampliar la inclusión financiera, debemos entender que no puede existir inclusión sostenible sin instituciones bien capitalizadas. En términos simples, el capital es la fortaleza financiera que permite cuidar mejor a quienes confían en nosotros. Así como una persona se prepara para proteger a su familia ante eventualidades, una sociedad financiera se capitaliza para proteger el ahorro. No se trata de cumplir con un requisito, sino de asumir una responsabilidad. Un capital fuerte no es meramente un trámite regulatorio. Es una decisión estratégica y ética. Es decirle al mercado que estamos preparados para el largo plazo. Que entendemos que la confianza no se exige, se construye. Que la inclusión financiera no puede ser una promesa coyuntural, sino un compromiso estructural. En este sentido, las Sofipos hemos sido actores clave en llevar servicios financieros a segmentos históricamente desatendidos. Sin embargo, en los últimos años, la modernización del marco de capital era necesario para reconocer nuevos elementos en la gestión de riesgos y así incorporar más y mejores productos que permitan la innovación para llegar a cada vez más mexicanos. Las nuevas disposiciones buscan precisamente eso, actualizar las metodologías para fortalecer a las Sociedades, a través de la actualización de los niveles de capital mínimo, entre otras medidas. La implementación será gradual y entró en vigor a partir del 1 de enero de este año y culminará el 31 de diciembre de 2030. Este componente progresivo es particularmente relevante, porque reconoce la diversidad del sector y permite una transición ordenada, sin comprometer la operación cotidiana de las sociedades.

Si queremos que más personas se integren al sistema financiero formal, debemos garantizar que las Sociedades que las reciben sean resilientes. El capital, en el fondo, es un mecanismo de cuidado: cuidado del ahorro, cuidado de la confianza y cuidado del futuro del sector financiero popular en México.

Presidenta de Amsofipo y CGO en Stori

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