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En un contexto marcado por la creciente demanda de soluciones para garantizar el acceso al agua, la energía y la transición hacia modelos más sostenibles, Cox entra en una nueva fase de su evolución empresarial con una presencia internacional más consolidada, una base de activos más robusta y una estrategia centrada en la creación de valor a largo plazo.
La transformación tiene su principal punto de apoyo en la integración de los activos adquiridos a Iberdrola en México, una operación valorada en 4,000 millones de dólares que ha ampliado significativamente la escala del grupo y reforzado su posición como operador de infraestructuras críticas de agua y energía.
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La ampliación de su negocio mexicano ha consolidado la estrategia que Cox viene desarrollando en los últimos años: combinar activos de largo plazo con capacidades industriales propias para diseñar, construir y operar en mercados con altas posibilidades de desarrollo.
Como parte de esta integración, Cox ha triplicado su beneficio operativo hasta los 282 millones de dólares en el primer semestre del año, mientras que los ingresos del grupo alcanzaron los 1,431 millones de dólares, lo que supone multiplicar por 2.5 los registrados en el mismo periodo del año anterior.

“Los primeros resultados tras la integración de México confirman la solidez de nuestra tesis de inversión y muestran la nueva era que hemos iniciado con la nueva Cox. Hoy tenemos una nueva dimensión: somos una compañía de mayor escala, con una base de activos más sólida, una mayor recurrencia de ingresos y una capacidad de generación de caja significativamente reforzada. México no solo refuerza nuestro liderazgo en agua y energía, sino que acelera nuestra transformación hacia un modelo más resiliente, predecible y con mayor creación de valor para nuestros accionistas", señaló Enrique Riquelme, presidente ejecutivo de Cox.
Un modelo cimentado en los activos
El cambio no es únicamente cuantitativo. También es una transformación en la naturaleza del negocio. La compañía ha reforzado el peso de los activos concesionales y de los contratos de largo plazo dentro de su actividad, avanzando hacia un modelo más estable, predecible y resiliente frente a los ciclos económicos.
Esta transformación se apoya especialmente en Asset Co, la división que agrupa los activos de infraestructura del grupo y que se ha convertido en el principal motor de crecimiento. La incorporación mexicana ha permitido aumentar significativamente la base de activos operativos energético y el volumen de ingresos recurrentes, reforzando además la capacidad de generación de caja de la compañía.
En México, la plataforma cuenta hoy con 15 plantas, unos 3,9 GW de capacidad (propia y contratada), una disponibilidad del 94,1 % y tasas de renovación de contratos superiores al 99 %, consolidándose como uno de los principales operadores privados del país y el único con integración vertical.
La estrategia responde a una tendencia del sector que favorece compañías con ingresos previsibles y activos capaces de generar rendimientos sostenidos. En este contexto, Cox impulsa una plataforma integrada en la que los negocios de agua y energía se complementan para ofrecer soluciones a la medida para industrias, grandes consumidores y administraciones públicas.
La nueva etapa se sustenta además en un esquema económico fortalecido. Después de concretar la compra en territorio mexicano, Cox reestructuró el financiamiento puente a través de un modelo de largo plazo vinculado a su cartera de activos, mitigando exposiciones y fortaleciendo su capacidad para desplegar su plan de expansión. Entre sus logros más relevantes sobresale la colocación de bonos por 2,000 millones de dólares.

La estrategia global de Cox también encuentra en Centroamérica uno de sus mejores ejemplos. Durante las últimas semanas, la compañía ha reforzado su presencia en la región con una adjudicación que muestra su habilidad para desarrollar soluciones energéticas adaptadas a las necesidades específicas de cada mercado.
En Panamá, Cox obtuvo un contrato de suministro de energía eólica a 20 años a través de su proyecto Santa Cruz Wind, con una capacidad instalada de 68.4 MW y la producción de aproximadamente 260 GWh anuales. Una vez en operación, la iniciativa permitirá suministrar más de 5.2 TWh de energía renovable durante dos décadas y contribuirá a fortalecer la transición verde del país.
En Guatemala, la firma se ha adjudicado un proyecto de generación y almacenamiento energético mediante baterías (BESS), obtenido en el marco de una licitación pública de largo plazo y con ingresos contratados de 126.4 millones de dólares en los primeros 15 años.
Estos proyectos ilustran la propuesta de valor de Cox: combinar generación renovable y gestión de infraestructuras para ofrecer soluciones de largo plazo. Una capacidad que se apoya en la experiencia internacional del grupo.
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