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Los analistas e inversores parecen coincidir: las aplicaciones han comenzado a comerse unas a otras. Según el mayor informe sobre el uso de dispositivos móviles, publicado esta semana, no hay mucho margen para que les dediquemos más tiempo del que ya insumen de nuestras vidas.
Las crecientes dominadoras de nuestro tiempo, según los datos de más de 2000 millones de aparatos, son las apps dedicadas a mensajería instantánea (con WhatsApp y la china WeChat a la cabeza) y a redes sociales, que crecieron en un año un 394% en tiempo de uso, en detrimento de los juegos.
El diagnóstico es oportuno. Ya se habla del fin de la fiebre del oro de los desarrolladores de apps, de una concentración fortísima en un puñado de ellas (básicamente, de Google y Facebook) y de un futuro de microprogramas funcionando dentro de las apps. Todo eso sucede en un negocio con menos de una década de vida: el 29 de junio se celebrarán los 10 años del lanzamiento del iPhone, creador del fenómeno de los smartphones y del ecosistema de aplicaciones.
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