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María y Guadalupe coinciden en señalar que el sismo mostró el espíritu solidario que tuvo la sociedad con los afectados.
“Luego, luego, desde el primer día del temblor, los vecinos nos apoyaron con comida. Un día después vino todo un camión de estudiantes del CCH con sus profesores para ver en qué nos ayudaban. Recuerdo que nos regalaron tortas. Eso siempre lo recordaré. Fue el pueblo el que nos ayudó, porque el gobierno para nada”, recalca Guadalupe.
A pesar de sufrir por la muerte de sus compañeras heridas, Guadalupe recuerda que también tenían que sobreponerse para impedir que siguieran las condiciones que dice “eran de explotación”.
María, por su parte, comenta que “era un lujo tener Seguro Social. Yo lo tenía porque llevaba mucho tiempo [en su trabajo], pero a las nuevas empleadas no se lo daban”.
Ambas costureras, quienes actualmente, a 30 años del terremoto, se dedican a dar clases de diseño de modas y costura de manera gratuita, consideran que las condiciones de trabajo y sociales no han tenido grandes cambios.
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