Un homófobo compra un arma, se declara fan del Estado Islámico (EI) y asesina a medio centenar de personas que pasaban la noche en un antro gay. ¿Lecciones? 1. El odio mata. 2. El fundamentalismo religioso mata. 3. Las armas matan. Todo pasó en Orlando, Florida.

Hace un par de años un reportaje de investigación de EL UNIVERSAL daba cuenta de la existencia de casi un millar de grupos de odio en Estados Unidos y, aunque al parecer el innombrable individuo que asesinó a tantas personas parece haber actuado por iniciativa propia, las motivaciones de los retrógradas siguen siendo alimentadas por extremistas religiosos, como un pastor de Sacramento, California, quien expresó su felicidad por la masacre porque, dijo, eso beneficiaba a la sociedad. A este tipo de expresiones se sumaron dos funcionarios públicos de Jalisco, quienes fueron despedidos, y un montonal de gente que circuló su rabia homófoba en redes sociales. Algo parecido ocurrió con el talibán Trump, quien prometió que, de llegar a la presidencia de Estados Unidos, cerraría las fronteras a los musulmanes. En tanto, los gringos siguen vendiendo armas en los supermercados como si fueran bombones. “¿A dónde vamos a parar?, diría El Buki.

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