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Para el PRI la madre de todas las elecciones comenzó aquí, en el bastión del tricolor que 88 años ha gobernado, donde nunca ha perdido una elección y la tierra del presidente Enrique Peña Nieto.
El escenario fue la plaza de la unidad, en la capital mexiquense, donde el grupo Atlacomulco se dejó sentir y literal vibró con las estructuras del partido al grito de “¡du-ro!, ¡du-ro!, ¡du-ro!”, arenga política para defender su bastión de los “delfines-marionetas” y “extraños” que no conocen los 125 municipios del estado.
El detonador de la “marea roja” fue su presidente nacional, Enrique Ochoa, quien encendió el ánimo del priísmo mexiquense al lanzar un puñetazo limpio a “las marineras”, en alusión a Delfina González, aspirante de Morena a la gubernatura, que todo lo que hace se lo tienen que decir.
En ese ambiente, contrastaba el rostro del gobernador Eruviel Ávila, quien serio y de chamarra negra, aplaudió junto con sus compañeros más de una docena de ocasiones que Alfredo del Mazo fue interrumpido por las palmas priístas durante su discurso.
Alfredo del Mazo González, padre del candidato, dijo que el Edomex juega un papel importante, pero no decisivo para la Presidencia del país: “Influye, pero hasta ahí”.
La marea roja vuelve a levantarse de su lugar, 15 mil almas gritando, el ritual priísta se ha puesto en marcha.
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