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Desde el embarcadero de Cuemanco se llega a algunas chinampas que son parte de la zona de conservación. Ahí, en pleno siglo XXI y en la delegación Xochimilco de la Ciudad de México , hay colectivos que buscan la revaloración de este sistema de agrocultivo prehispánico que en otros tiempos vivió épocas de esplendor.
Noé Coquis
es parte de una tercera generación de chinamperos. Su hijo, que lleva el mismo nombre, lo acompaña desde pequeño. Ellos son parte esencial del equipo de Lucio Usobiaga , uno de los creadores de Yolcan , un proyecto de rehabilitación orgánica de las chinampas que inició en 2011 con su socio, Antonio Murad . Otra historia ejemplar es la de Pedro y Antonio Méndez , provenientes de una familia chinampera por tradición y con amplia experiencia. Nacieron en el Barrio de la Asunción y trabajan con Grupo Los Danzantes desde 2007.

En estos islotes que se construyen en aguas con poca profundidad se cultiva desde hace dos milenios alimentos como maíz , frijol , calabaza , chiles , jitomates , quelites , flores , hierbas de olor , entre otros, además de ser hogar de animales como vacas , conejos y gallinas . Hoy en día lechugas , brotes , betabeles , rábanos , verdolagas y más son parte de lo que se distribuye a cocineros que buscan la sostenibilidad y a comensales interesados en el comercio justo.
Aunque las chinampas se mantuvieron vivas aún durante la Conquista y abastecían al epicentro de la Nueva España, con el paso de los años, y debido a la creciente urbanización e industrialización de lo que hoy es una megalópolis, su declive fue inminente. Pero estos dos proyectos son ejemplos de modelos de negocio con paradigmas que resisten y aprovechan el interés de ciertos sectores por una alimentación “cero kilómetros”. Yolcan abastece a 18 restaurantes, entre ellos Pujol , Contramar , Máximo Bistrot , Rosetta , Carlota y Quintonil ; mientras que los Méndez trabajan tanto con los restaurantes del grupo Danzantes como por su cuenta.

Ambos proyectos buscan más que solo vender lo que producen: los primeros dan recorridos a escuelas y grupos para que se conozcan estos sitios ecológicos de manera presencial, además de vender canastas semanales de frutas y verduras orgánicas y de temporada para llevar la chinampa a la mesa; y los segundos organizan un mercado alternativo con costos accesibles, así como una escuela chinampera para enseñar a más personas estas prácticas tradicionales.
“Las chinampas siguen en el mismo estado desde que empezamos. Nuestro impacto ha sido a pequeña escala en comparación al tamaño de la chinampa; hemos visto que ha habido una atención creciente entorno a su rescate que todavía no se refleja en impactos serios pero que, al menos, está en foco rojo de más gente,”dice Usobiaga.
En 2015 un estudio coordinado por la doctora Rosario Iturbe Argüelles del Instituto de Ingeniería de la UNAM, aseguró que la zona de los canales de Xochimilco está en riesgo debido a la descarga de aguas negras, así como basura y contaminantes. Usobiaga trabaja con el CINVESTAV para la biorremediación en suelos y aguas. El reto para ambos es que más aliados se sumen en toda la cadena: chinamperos, investigadores y consumidores para que los ocho millones de habitantes de la capital tengan una dieta chinampera .
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