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En este año hemos vivido dos momentos que se convertirán en un parteaguas para la historia política y moderna de nuestro país. Uno fue el 1 de julio cuando los ciudadanos se decidieron, con una votación histórica, por la opción que prometía ser un cambio. Ello se dio en un contexto donde la inseguridad es cada vez más incontrolable; la corrupción llegó a niveles no vistos ni en los tiempos del partido único, y la desigualdad que no cede ni un ápice. Lo que, sin lugar a dudas, duele pues los cinco mil programas sociales que se han aplicado en el país no han logrado bajar los altos índices de pobreza que vivimos.
El otro momento que está marcando el antes y el después para la nueva realidad de nuestro país se dio el pasado lunes cuando el Presidente electo hizo el anuncio, simulando y manipulando una consulta a modo, de la cancelación, sin sustento técnico, del proyecto latinoamericano de mayor magnitud de los últimos años: el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), en Texcoco.
El tema no es si hubo o no corrupción en la licitación de los proyectos. Si así fuera, y se quisiera castigar o combatir ese flagelo, lo correcto es que se hicieran auditorías y si en verdad existieron anomalías e irregularidades se podría echar para abajo ese contrato, evitando así el costo de las penas convencionales que vamos a tener que pagar por la cancelación de la obra.
Pero no fue así, y lo que ocurrió este lunes no es cosa menor. ¡Se trata de 200 mil millones de pesos! Para dar algunos ejemplos, con ese dinero se podrían construir un millón 350 mil casas de interés medio, o se podrían edificar 500 hospitales regionales, o 636 escuelas nacionales de estudios superiores.
Más aún. El costo de cancelar el proyecto de Texcoco equivale al doble del presupuesto anual de la Secretaría de Salud y la Secretaría de Desarrollo Social y a 4.7 veces el presupuesto de la UNAM.
Según el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, el Aeropuerto de Santa Lucía costaría 114 mil millones de pesos, pero si a esa cantidad le agregamos los 200 mil millones de pesos por cancelar el de Texcoco, significa que el proyecto será de 314 mil millones de pesos.
Esto sin tomar en cuenta los costos del nuevo aeropuerto militar, muy necesario pues en Santa Lucía se hacen maniobras y labores militares de defensa, despliegue y apoyo para los desastres nacionales.
Pero más allá de los cuantiosos recursos que se perderán, el problema de fondo es la forma de gobernar, es decir, con simulación, sin apego a la ley, con odio e indiferencia, dividiendo al país.
Por ello, tanto desde este espacio periodístico como desde el escaño que comprometidamente ocupo en el Senado de la República, le pido a nuestro Presidente electo que analice y rectifique esta decisión, que sin duda se convertirá en un mal precedente de un mandato que apenas comienza y en una problemática mayor que obligatoriamente hay que cuestionar.
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