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Indaparapeo.— Uno acababa de salir de la secundaria y los otros dos eran jornaleros; los tres eran inseparables que hasta la muerte los encontró juntos: estaban entre los 10 calcinados del pasado fin de semana en Cuitzeo.
Eran Gustavo López Ayala, de 15 años de edad, Braulio Santiago Pérez Andrade, de 16, y Sergio López Arellano, de 17, originarios de El Plan, en el municipio de Indaparapeo.
Familiares, amigos y habitantes del ayuntamiento, así como de una de las personas que los vio por última vez con vida, narran que los jóvenes fueron “levantados”, ejecutados a tiros y después calcinados por estar en el lugar equivocado.
A la hora que fueran privados de su libertad, los tres se encontraban en “la tiendita de la vía”, establecimiento donde se reunían por las tardes para jugar futbol, platicar o simplemente para disfrutar un refresco o cualquier golosina.
“No le hacían daño a nadie y sólo vinieron a comprar unas galletas y unos churros, pero cuando salieron de la tienda estaban ‘levantando’ a otras personas más y de ahí se los llevaron, me imagino que para no dejar testigos. No sé si eran policías, pero estaban armados los que se los llevaron”, narra una persona que los vio con vida.
Lloran su pérdida. Al pie del féretro de su hermano Gustavo, Sonia relata que “era bien alegre y le gustaba el fútbol. Acababa de salir de la secundaria. Era la alegría de la casa y no es justo lo que le hicieron. No es justo porque ellos no debían nada; sólo estaban ahí en la tienda de pasada; exigimos justicia, que no se queden así las cosas”, dice.
“Siempre estaba riendo; nunca estaba triste; siempre decía que quería entrar a la Marina o ser soldado. Como todos, quería superarse tener algo”, describe para EL UNIVERSAL.
Con llanto, Sonia exige que los responsables del asesinato de su hermano paguen, al igual que el padre de Sergio, quien pide pena de muerte, pese a no estar aprobada en México, para los homicidas “y que les hagan pagar poco a poco para que sufran y vivan el infierno que nosotros ahorita sentimos”, dice.
Don Sergio López tilda este multihomicidio como una cobardía de parte de los responsables, que a decir de la procuraduría estatal, es el alcalde del municipio de Álvaro Obregón, Juan Carlos Arreygue Núñez y cuatro policías locales.
“Son unos cobardes que teniendo armas y siendo las personas que deberían de protegernos, nos dieron la espalda, nos traicionaron”, reclama.
El pueblo se encuentra de luto tras la muerte de los tres jóvenes, a los que la comunidad los calificaba como “buenos muchachos y trabajadores; aplicados en sus estudios y vecinos ejemplares”.
“Su único pecado fue haber estado en el lugar, a la hora y el día equivocado”, dice uno de los pobladores que acudió al sepelio de los jóvenes.
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