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janet.merida@eluniversal.com.mx
Antes de que comenzara el concierto de Sigur Rós, el Auditorio Nacional ya estaba envuelto en neblina. Ruido de instrumentos musicales suaves, largos, pausados daban la bienvenida a los asistentes que poco a poco iban tomando su lugar y se entretenían hablando del concepto de la banda o de la reciente presentación de Björk, también islandesa.
Los tres músicos prepararon un recorrido audiovisual que comenzó a las 21:00 horas, cuando el escenario poco a poco fue cobrando vida con Á.
El idioma entre ellos y los espectadores era completamente distinto. Sin embargo, los sonidos tristes e hipnotizantes avanzaban poco a poco entre los asientos. La voz de Jónsi se mezclaba con las luces azules, rojas y verdes que cruzaban el escenario de un lado a otro.
Todo era silencio. De vez en cuando se escuchaba un grito o aplausos que eran silenciados por el público porque aún no había terminado la canción. Los músicos, por su lado, estuvieron todo el tiempo concentrados en su música, como si estuvieran solos en escena y la gente fuera un espía silencioso.
“Ekki Múkk” y “Glósóli” fueron reconocidas por la mayoría, de hecho, estos son dos de sus temas más populares. “E-Bow” también sonó durante el primero de dos bloques en los que se dividió el concierto. Antes de llegar al intermedio en el Auditorio escuchó “Smáskífa”. Entre el silencio se escuchaban suspiros. Alguien lloró discretamente viendo al escenario. Jónsi tenía los ojos cerrados. De vez en cuando las pantallas del lugar mostraban su perfil: sus ojos cerrados con fuerza, el movimiento de su garganta, sus venas y la voz que salía de ella.
Poco a poco fueron dejando el escenario hasta que acabó la canción y se encendieron las luces.
En el segundo bloque inició con “Óveður” y ahí el espectáculo visual llegó a su cumbre.
“Ný Batterí” también sonó en esta segunda parte en la que muchos no se contuvieron más y gritaron sin preocupación.
Los integrantes hablaron algunas palabras incomprensibles para todos que provocaron risa en los asistentes y traducciones chistosas de lo que desafortunadamente nadie entendió.
Al finalizar el concierto, los tres integrantes de la banda de post rock hicieron una reverencia ante la audiencia y salieron del escenario. Nadie gritó “¡Otra!” como es costumbre en los conciertos pero hicieron ruido para que volvieran, tal vez, con esa idea.
Sí volvieron pero para hacer una reverencia más y despedirse de su primera de dos presentaciones en el coloso de Reforma.
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