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Por décadas en México el rubro de desarrollo social ha tenido, eminentemente y se quiera admitir o no, una función no social, sino política.
La perversión de los programas sociales, usados para crear redes de clientelismo a lo largo y ancho del territorio nacional, en vez de para fomentar, incentivar y consolidar el desarrollo de los sectores más desfavorecidos de la sociedad derivó, en prácticamente todos los casos de programas sociales usados en México, en justo lo contario al objetivo original de los mismos, es decir, en la perpetuación de la pobreza.
Porque no es causal que tras sexenios de aplicar las mismas estrategias para erradicar la pobreza ésta no haya disminuido prácticamente en nada, sino al contrario.
El uso abierta y cínicamente político dado a los programas de desarrollo social, al que de hecho se ajustó el diseño de los mismos, pareciera confirmar lo que por mucho tiempo se ha afirmado: que durante todo este tiempo no se quiso, auténticamente, eliminar la pobreza en México, sino solo paliarla, justamente por la utilidad política que suponía.
Y hoy este mal, que aqueja a más de la mitad de los mexicanos, al igual que la desigualdad que ha llegado a niveles inhumanos y vergonzosos, sigue siendo uno de los principales reclamos de la sociedad —de por sí muy golpeada por otras lacras como la violencia y la criminalidad—, y por ende uno de los temas que debe ocupar de manera prioritaria al próximo gobierno federal, en congruencia, en suma, con el discurso de campaña de “primero los pobres”.
Ahora, a sólo unas cuantas semanas del arranque del nuevo gobierno y su cuarta transformación nacional, María Luisa Albores, quien se ha anunciado será la próxima secretaria de Bienestar (ente que sustituirá a la Secretaría de Desarrollo Social), rechaza, en entrevista para EL UNIVERSAL, que los programas sociales vayan a usarse para la operación política de Morena, tema que ha salido a la discusión pública, además de por su propio peso específico, también por el nuevo esquema de gestión de los recursos federales hacia los estados propuesto por el equipo del nuevo gobierno, consistente en la llegada de los llamados súper-delegados, que para muchos suponen justamente un enorme riesgo de continuidad —e incluso de mayor control— en el uso político y clientelar de los programas sociales, y ante lo que habrá que estar todos alertas.
A pregunta expresa de si ¿jugará un papel Morena, como partido, en la operación de los programas sociales?, Albores, tajante, responde que serán enfáticos en no mezclar las cosas, “lo que han hecho otros partidos no está bien y no es sano. Debemos gobernar para todos”. Ya veremos...
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