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La noticia de que las reservas petroleras de México presentaron un decremento al cierre de 2018 de poco más del 6 por ciento en el crudo y de más de 3 por ciento en gas, con respecto a lo registrado durante 2017, no hace más que confirmar en una primera lectura lo fallido de la reforma energética del gobierno anterior y le dan argumentos a la nueva administración para colgarle todos los males a su predecesor, por lo menos en el ámbito de la explotación de las riquezas del subsuelo. ¿Hasta cuándo va a dar resultado la participación de la Iniciativa Privada? Hasta ahí todo indicaría que la reforma no funcionó.
Tampoco parece fructificar aún la esperanza de que la participación de entidades privadas inyectaran capital, recursos y conocimientos técnicos que se tradujeran en un decidido impulso que permitiera concretar el tan largamente anunciado rescate de Pemex. Esto ni siquiera fue posible con el complemento que han supuesto los descubrimientos de nuevos yacimientos en aguas del Golfo de México.
Según los más recientes reportes, tan sólo se reconoce que el único incremento detectado fue el propiciado por la participación de las empresas privadas ENI México y Hokchi, pero corresponde exclusivamente a las reservas de gas, que los expertos señalan como de menores posibilidades de ser explotadas comercialmente.
Tal como estaba expresada, la reforma energética de la gestión de Enrique Peña Nieto buscaba asegurar el fortalecimiento del papel del Estado como rector de la industria petrolera, propiciar el crecimiento de la economía nacional, estimular el desarrollo incluyente, garantizar la seguridad energética, establecer la transparencia operativa del sector, y, por último, pero no menos importante, otorgar sustentabilidad en la producción del hidrocarburo y protección al medio ambiente.
Uno de esos puntos comprendidos en lo relativo a garantizar el abasto energético contemplaba la asociación de la paraestatal con empresas petroleras privadas y la incorporación de sus reservas de hidrocarburos; pero con todo y las buenas intenciones, las reservas nacionales continúan a la baja.
En un posible repunte futuro en la producción de la industria petrolera, un punto de esperanza ha sido señalado por los expertos: el aprovechamiento de áreas hasta ahora ociosas debido a su escaso desarrollo que, sin embargo, se calcula su potencial en hasta cien millones de barriles adicionales de petróleo crudo equivalente, que tan sólo requerirían de estudiar un mecanismo para poder explotarlo a toda su capacidad. Ahí está el reto, sólo es cuestión de estudiar cómo implementarlo, lo cual no es fácil.
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