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Los lugares donde se presentan apoyos a los grupos del crimen organizado que se dedican al robo de combustible usualmente son poblaciones marginadas y con elevados índices de pobreza.
En Tlahuelilpan, Hidalgo, escenario de la mayor tragedia por el robo de combustible, 55% de la población vive en pobreza y 7% en pobreza extrema. De acuerdo con el Coneval 61% de la población percibe ingresos por debajo de la línea de bienestar.
En el municipio de Otumba, Estado de México, el viernes pasado un grupo de habitantes de la comunidad de Cuautlacingo intentó agredir a elementos de la Secretaría de la Defensa cuando éstos pidieron que se retiraran de una toma clandestina. Datos del Coneval señalan que 56% de su población se encuentra en situación de pobreza.
En Acambay, también en el Estado de México, y donde además se vieron escenas de decenas de personas alrededor de una toma clandestina, incluso antes que en Tlahuelilpan, es un municipio con alto grado de marginación. EL UNIVERSAL publica hoy que en esta localidad mexiquense todos conocen a los huachicoleros y que hay comunidades donde muchos pobladores se dedican al sabotaje de ductos. “Prefirieron tomarlo como un trabajo en lugar del campo u otros oficios”, según testimonios.
¿Por qué amplios grupos de población deciden incurrir en prácticas ilícitas?
La marginación y la pobreza son factores que inciden en la comisión de delitos. Ante la falta de oportunidades o, en el mejor de los casos, ante la opción de pasar una vida en actividades agrícolas con ínfimos salarios, el robo de combustible —que pasa en ductos cerca de sus comunidades y que implica el despojo de manera clandestina, sin causar daño físico o a la propiedad de otra persona— se vuelve atractivo.
Otro factor es la impunidad. Estudios como el de la UDLAP señalan que la impunidad por delitos generales llega en México a 99%, es decir, nunca son castigados. La ciudadanía se entera de altos funcionarios acusados de corrupción que no son investigados y menos sancionados, se entera de grupos criminales que dominan amplias regiones sin que nadie los moleste, se enteran de vecinos que se dedican a actos ilícitos sin que terminen en prisión. Mientras los delitos no sean castigados, habrá incentivos para seguir el camino de la ilegalidad.
Hay situaciones que muestran que la práctica criminal ha permeado en el tejido social. Los motivos pueden ser variados, pero la situación sería muy distinta si al menos pudiera avanzarse tanto en disminuir la pobreza como la impunidad.
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