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El Principado de Mónaco propone hoy, en la reunión 11 de la Liga de Diamante, un juego de tronos entre el rey de la velocidad, el jamaicano Usain Bolt y uno de los llamados a sucederle, el sudafricano Wayne Van Niekerk.
El estadio Luis II, con sus vistas al Mediterráneo, es el escenario perfecto para esta batalla entre la leyenda, que ya enfila la retirada de una carrera única, y el aspirante a tomar el cetro del atletismo mundial.
Bolt, ocho veces campeón olímpico y el hombre más veloz del planeta —100 m en 9.58 seg y 200 m en 19.19— es también una persona sensible y permeable a la emoción, “más presente que nunca cuando se trata de la última reunión”, explicó el plusmarquista.
Pese a todo, dice, “lo más importante es el placer” que él quiere procurarse y procurar a los espectadores de Mónaco, donde el velocista sólo ha competido una vez, en 2011.
Aunque ha pisado en una ocasión la pista de este estadio, Bolt ha visitado Mónaco en varias ocasiones (seis), siempre en esmoquin y para recoger el trofeo a mejor atleta del año, la última el pasado.
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