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hector.morales@eluniversal.com.mx
Rió de Janeiro.— Diego del Real miró hacia el cielo. Lanzó un suspiro de resignación cuando el polaco Wojciech Nowicki lanzó el martillo lo suficientemente lejos para arrebatarle la gloria del bronce. El cuarto lugar es histórico para el regiomontano, pero frustrante porque estuvo cerca de subirse al podio.
Tensión al máximo. El atleta de la Universidad Autónoma de Nuevo León tuvo el coraje de obtener 76.05 metros en uno de sus envíos a través del estadio Olímpico Joao Havelange. Esa distancia le entregó el tercer lugar momentáneo. Los demás competidores se habían quedado cortos.
México anhelaba que se mantuviera ese resultado para celebrar la segunda presea del día. Sin embargo, Nowicki lo dejó con las manos vacías. Fue el último envío del europeo que llegó a los 77.73 metros. De Real sólo atinó a hacer una mueca de desconsuelo. Diego es el primer tricolor que participa en esta prueba. Llegó a la final. Estuvo cerca de ganar un metal. México puede estar orgulloso de su atleta.
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