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El triunfo (2-1) llegó para el Pachuca en el momento justo y adecuado, ante un rival de prosapia como lo son los Tigres.
Victoria sin ningún pero; triunfo contundente de los dirigidos por Diego Alonso, que se dejaron llevar de la mano de una de sus joyas desperdiciadas en la Selección Nacional: Erick Gutiérrez.
El nacido en Sinaloa se echó el equipo al hombro. Hombre al que le gusta armar el juego, en este futbol moderno no pudo desatender la acción defensiva, luciendo en ambos extremos y siendo causante del triunfo pachuqueño, un triunfo que urgía por llegar ante el pésimo inicio de torneo: tres derrotas consecutivas, que ponían en peligro el puesto de Alonso.
El chileno Ángelo Sagal, a quien los mandos pachuqueños han puesto por encima del goleador del torneo pasado Franco Jara, anotó el primer tanto aprovechando un gran servicio de Jorge Hernández.
Como fiera herida, los Tigres reaccionaron. Oscar Pérez hizo todo lo posible por mantener su cabaña en cero, pero llegó la falta del mismo Sagal, penalti inobjetable que André-Pierre Gignac transformó en el empate.
Otra vez Pachuca tuvo que remar contra la corriente hasta que apareció Erick Gutiérrez, quien desprendiéndose de la media cancha tomó el balón entrando al área y cruzó a la salida de Nahuel Guzmán.
Sin tiempo para reaccionar, Tigres tuvo que comerse la derrota ante un Pachuca que ha resucitado en el momento justo de la mano de una de sus joyas.
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