Más Información

¡Por fin! Suspenden contingencia ambiental este San Valentín; prevén mejor calidad del aire este 15 de febrero

Ofrecen cargo en el extranjero a Marx Arriaga, pero lo rechaza; se le planteó participar en otra área: Mario Delgado

Hijos de capos mexicanos estuvieron en escuela de élite de EU: Departamento de Tesoro; pagaron hasta 102 mil 235 dls por año

Fiscalía exige revisión de amparo tras liberación del dueño de crematorio Plenitud; pide investigar a juez
daniel.blumrosen@eluniversal.com.mx
Monterrey.— Decenas de flashes iluminan el camino que recorre hacia el vestuario. El destino se encapricha en que los Tigres y los Pumas coincidan en su llegada al vestuario, pero los visitantes son incapaces de opacar a ese hombre que ha seducido al fiel pueblo local.
Eso explica que André-Pierre Gignac sea ovacionado en cuanto desciende de ese autobús amarillo que transporta a la nómina más cara de la hoy llamada Liga MX (valuada en poco más de 50 millones de dólares). Se trata de la figura excluyente en la final, el que hurta corazones, vende camisetas y, en teoría, debe anotar goles. Cumple con todo.
Delantero francés que cruzó el océano Atlántico capaz de hacer soñar a cualquier seguidor tigre. Él es frío, así es que apenas sonríe mientras una decena de chicas se desgañitan en pos de que les obsequie una mirada. No necesitan más para sentirse especiales.
Sus compañeros ya están habituados, por lo que aprovechan la efervescencia que despierta el ‘Messié’ para escabullirse hacia el camerino, pero los Pumas son sorprendidos. Algunos se despojan de sus enormes audífonos para dimensionar correctamente lo que sucede.
Fácil: es la pasión generada por el futbolista galo en el balompié mexicano. Los fanáticos le idolatran, portan orgullosos la elástica con el ‘10’ en la espalda. Da lo mismo si es la amarilla de local, la alternativa azul marino o alguna ‘pirata’. El detalle de distinción lo da el apellido Gignac.
Atrapa reflectores desde que sale al campo para calentar. Miles de aficionados quieren la instantánea, aunque sea a la distancia.
Fenómeno sólo parecido al que ocurre en la planta baja del estadio Universitario. Casi una hora antes del silbatazo inicial llega Jaime Rodríguez, gobernador de Nuevo León. El ‘Bronco’ no requiere de palcos u ostentosa seguridad. Ataviado con una playera del equipo dirigido por Ricardo Ferretti, se sienta en las gradas y convive con la afición.
No es la única celebridad presente. El actor Rob Schneider, declarado seguidor de los Tigres, aparece en un palco. Pocos lo identifican, mas reciben la anhelada rúbrica.
Todos quieren estar en el primer capítulo de la serie por la corona y, en especial, contemplar a ese francés que se ha adueñado de los corazones regiomontanos.
Noticias según tus intereses
[Publicidad]
[Publicidad]









