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Chillán, Chile.— A veces lo fácil, uno mismo se lo hace difícil y el jugar bien, no basta para ganar.
La Selección Mexicana Sub-17 no pudo pasar del empate a cero contra Australia, en juego del Grupo C del Mundial de la categoría que se disputa en tierras andinas.
El equipo dirigido por Mario Arteaga jugó una gran primera parte, en la cual, sólo le faltó el gol, pero en el segundo lapso se desinfló, y de victimario pasó a futura víctima, sólo salvado por la gran actuación del portero Abraham Romero.
Romero nació en California, producto de la unión de un veracruzano con una defeña, quienes fueron a Estados Unidos en busca de una mejor forma de vida.
Ambos padres sacrificaron todo para darle oportunidades a Abraham, quien vio en el futbol la opción de destacar, tanto que llamó la atención de los reclutadores de las selecciones menores de la Unión Americana, pero vestido con el uniforme de las barras y las estrellas, se dio cuenta que no estaba en el lugar adecuado.
Sentía racismo de parte de sus compañeros que lo criticaban por no tener los mismos gustos, así que llegado el momento, “decidí jugar por México. Mi papá [de oficio albañil], se emocionó muchísimo cuando se lo dije””.
Mas el cambio tampoco fue fácil. Su carácter introvertido lo hizo dudar, “no me sentía a gusto, pensé en regresar a mi casa, pero el profe Arteaga siempre ha tenido confianza en mí, me apoyó hasta lo último y me dijo que sería su portero titular”, relató el chico de 17 años y una estatura de 1.90 metros que sobresale entre sus compañeros.
Y el ‘Kalifas’ no se equivocó, sobretodo en este duelo ante Australia, en el que mostró su valía.
Después de que en la primera parte, México se cansó de fallar ante la portería del conjunto de Oceanía, en la segunda lució irreconocible, lo que el conjunto rival aprovechó para armar sendas jugadas de peligro. Ahí se levantó la figura de Romero.
Primero, en un tiro de esquina, la delantera australiana remató en dos ocasiones en el área, la segunda con destino a gol, pero el portero mexicano reaccionó con reflejos felinos.
A cuatro minutos del final, vino lo mejor. El volante de Australia, Panos Armenakas, cobró de manera excelsa un tiro libre, la pelota iba directo al ángulo superior derecho, el técnico Arteaga se llevó las manos a la cabeza, los jugadores de la banca, no querían ver, todos cantaban el gol inminente, menos Abraham Romero, quien caminó dos pasos y se lanzó cuan largo es para que con las uñas de su mana derecha, arañara el balón y evitara la caída de su marco. Acción que salvó al mini Tri del fiasco, que ahora deberá amarrar su calificación, ante Alemania el próximo sábado. Redacción y agencias
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