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ramon.trevino@clabsa.com.mx
Las horas de gimnasio, los golpes en el rostro y las dietas obligatorias no son lo más pesado que carga Julio César Chávez Junior... eso está escrito en su acta de nacimiento.
El boxeador heredó la historia de su padre, considerado por muchos como el mejor púgil mexicano de todos los tiempos, por lo que las comparaciones con “La Leyenda” lo han perseguido toda su carrera.
“El apellido y el nombre le pesan muchísimo”, opina Akira Esqueda, psicólogo del deporte. “No es solamente Chávez o Julio, se llama Julio César Chávez. Es una doble carga. La tiene muy difícil”.
El especialista dice que el gran campeón de México puso una losa muy pesada sobre la espalda del Junior. “Puede ser que Chávez papá tenga complejo de Cronos, una teoría que trabajo con mi equipo. Cronos, en la mitología griega, se comía a sus hijos, debido a una profecía de que uno de ellos iba a destronarlo”.
En entrevista telefónica con EL UNIVERSAL, Esqueda explica que el padre protege mucho a su hijo, pero ese apoyo puede ser excesivo y se contrapone. “A lo mejor, lo único que necesita Junior es que le digan ‘Yo creo en ti’, sin embargo, lo que le dicen es: ‘Tienes el nombre de la familia y te pongo al mejor entrenador’”.
En sus 25 años de carrera, JC tuvo 107 victorias, 86 de ellas por nocaut, dos empates y seis derrotas. Su primer descalabro fue ante el estadounidense Frankie Randall, después de 90 combates sin perder. Su vástago, de 31 años de edad, 14 de ellos como profesional, acumula 50 triunfos (32 KOs), un empate y tres peleas perdidas, la más reciente, ante Saúl Álvarez.
Chávez papá conquistó cinco títulos mundiales; Junior sólo uno.
Claudia Rivas, especialista en psicología deportiva, comenta que lastrar con el mismo nombre y apellido puede causar la pérdida de identidad. “Esto te lleva al sabotaje y acciones destructivas. Cada persona es psicológicamente única, irrepetible y tiene un don. Esperar que seas el reflejo para cualquiera es una carga muy fuerte; con leyendas, es todavía más complicado vivir con ello”.
La experta agrega que, probablemente, Junior no quería ser boxeador. “Es lo que aprecio desde lejos. Seguramente, si fuéramos boxeadores no nos darían una bolsa de millones de dólares porque no somos un Chávez”.
Ambos psicólogos coinciden en que el abuso de alcohol e indisciplinas por parte de Chávez Carrasco, son reflejo de su infancia. Es conocido que su padre fue adicto a bebidas embriagantes y a las drogas.
“Según Lev Vygotski, inicialmente aprendemos lo de primera mano, a través de la imitación. Con el contexto que me ofrece Julito es que si lo primero que observó fueron las conductas del papá, eso puede reforzarse en las suyas. Podría interpretarse una conducta desafiante al papá. ‘Si dices que soy malo, voy a mostrarte qué tan malo puedo ser’”.
Rivas concluye que lo que necesita el Junior es ser cobijado, pero que figuras del deporte como los Chávez no suelen buscar ayuda.
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